7 may. 2009

Hermano mayor

Acabo de ver un adelanto del programa de mañana sobre los problemas de la adolescencia que se llama Hermano mayor y voy a dar mi opinión.

Me parece fantástico que hay un programa así, porque muchos piensan que los casos de sus hijos son peores que los del resto y es lógico que piensen así porque lo viven excesivamente de cerca y con este programa se ve, si es que alguien no lo tenía claro, que es una etapa por la que todos pasamos. La incomprensión, la rebeldía, anarquía, lloreras, violencia... son algunas de las marcas de la que se vive desde hace un tiempo, curiosamente desde que el gobierno dio un chorlito a a la realidad de las escuelas y regaló el sillón autoritario a los alumnos. Pensaba que la escuela era una cosa y la casa otra, pero ya lo dudo.

Puede deberse a la comunicación vía internet, que hace que los adolescentes aprovechen esta herramienta para hablar de cosas que normalmente se hable fuera de la escuela y se den cuenta de que hay un “somos” que hace que se unan más entre ellos y encuentren en profesores y padres al núcleo del problema. Puede ser también que se deba a que se piensa y practica sexo con naturalidad a una edad cada vez más temprana lo que les hace autootorgarse una autoridad fictica consistente en pensar que ya son mayorcitos para hacer lo que quieran. ¿Dónde quedaron los balones y los elásticos? Si se pudiera votar, mayoría de edad a los 21, por favor.

Afortunadamente, es solo una etapa de tantas por las que pasamos y seguro que, como nos pasa a muchos, con el tiempo se reirán y avergonzarán de lo que hacían y sentían. Por suerte o por desgracia, la sociedad tiene una estructura piramidal con derechos y deberes. Hay que acatarlo o ir caminito de la prisión o reformatorio. Así somos y así nos va.

4 comentarios:

Miguel dijo...

No hace mucho de aquello que se decía acerca de que la letra con sangre entra; perturbando a los niños y adolescentes con castigos y maltratos de todo tipo.Parece que, a la inversa, es decir, la permisividad para que gocen del sexo a edades tempranas ; o que algún profesor reciba una hostia a tiempo, caso de merecerla... es una conducta escandalosa que perviete las áulas. Creo yo que, en suma, la censura ya ha hecho bastante daño, junto al acopio de ignorancia y temor del profesorado. No tengo hijos, pero sí sobrinos, a los que he visto crecer después de ser adoctrinados y sufrir las secuelas de la mala educación que apenas difiere de la de sus padres... entonces, ¿de qué se quejan? Salvo la cualidad de cierto decaro y valentía de algunos, se puede decir que son clónicos, es decir, tan estúpidos como ellos.
Supongo que no te coge de sorpresa mi opinión. A mí sí, sin embargo, el conservadurismo excesivo de tu parte.
Bueno, bueno. Dejémoslo estar, que no comento para molestar. Me alegro de que tu blog de lugar para opinar.Y aunque la discrepancia es inevitable, estoy contentísimo de que sigas escribiendo.Salud, amigo.

pepe dijo...

me encantan los debates. Doy mi opinión siendo consciente de que existen otras.

No sé qué añadir a mi opinión, quizá sea que tengo el síndrome de estocolmo.

Tienes razón cuando dices que a veces es la educación de los padres la que hace que un niño viva exageradamente su mala época.
Y volviendo a mi conservadurismo, no sé cómo se podrá parar esto pero alguien tendría que hacer algo para que la pirámide vuelva a su estructura de toda la vida. En la cúspide, la familia debe estar.

pepe dijo...

Se me olvidaba... gracias, todo comentario bien pensado es enriquecedor.

Es verdad, parece que aunque no sea con contrato de por medio jajajja vuelvo a ser periodista.

Salud, amigo

Miguel dijo...

Yo tengo una apreciación contraria a la de asignar el lugar o la cúspide de la pirámide a la familia. En mi opinión, la guerra y la familia son los ambientes más hostiles de la vida.
Comprendo que, para aliviar y poner un poco de orden a esta apreciación, quedó el mandato evangélico de honrar a nuestros padres, y el de no matarás; que , por supuesto, se incumplen y van a la deriva.
Las víctimas inocentes de la guerra son niños errantes y llorosos, sin el consuelo de sus padres, mordiendo el polvo de una realidad tan cruda, debida al egosimo de los gobiernos que la declaran; que, por supuesto,antes defienden el valor de la familia y el bienestar de su país donde desarrollar tales valores. A mí me resulta inadmisible.
Y, en fin, solo soy experto en las cicratices de mi carne y en la compasión por la indefención que padecemos causada por los padres y el papa-gobierno que tanto ponderan los conservadores en nombre del orden y la paz. Me parece una ironía, pero no pierdo la esperanza (puede que utópica) de que todos tenemos un corazón, y la refutación de los hechos que se evidencian por ellos mismos.