21 nov. 2006

Lunático

Ya brillaba la luna cuando me acerqué,
Ya tenía el cielo su dama
Cuando al oído le hablé,
Ya había nubes en las que jugaba
Con cupido al esconder.

Sus curvas pronuncian sonrisas
Pero ella no puede verlas,
Quizá algún día las alfombras
por las que fluyen las caricias
se conviertan en auroras.

Quiero verte por las olas pasear
Y en cada góndola suspirar,
Quiero ver tus labios desear
Y el tiempo llegues a parar,
Pero no te vuelvas si no es para respirar.

Entre cielo y tierra solitaria

Al cielo desde tierra baldía
Solo tu mirada me alzaría
Si quisieras.

Son tus ojos los que vislumbran
Ese escalón de hierro que romper
No puedo sin tus manos.
No quiera la luna tenerme con alegría
Si no sonríes al verme llegar.

Llega altanera la madre de la melancolía
Cuando ni siquiera el cielo es visible
A los ojos del que no es correspondido,
Y tiende un puente de esperanza
En la noche oscura del río de la vida.

No son palabras sus acompañantes
Pero si la miras te guarda.

16 nov. 2006

YO o yo

Dicen que estoy loco y a fe que lo estoy, pero ya quisiera yo ver a muchos empezando un nuevo siglo con esta frase grabada en la cabeza "nunca seremos felices al 100%" (mi hermana mayor me la dijo cuando el siglo XX expiraba), y como consecuencia, cuando las cosas me van bien como ahora... ¡ay lo que disfutaría mi madre! y si las cosas van mal... ¿mamá porque no estás para decirme que debo hacer?

Siempre he sido un poco "artista" pero cuando se le suma la incredulidad, el pensar que no había un despertador que sonase para despertarme de una pesadilla, cuando veo que muchos tratan mal a sus madres, cuando llegan las notas y por fin apruebo todas en junio, cuando me siento totalmente enamorado... soy más "artista" aún, porque como nos pasa a muchos, cuando más inspirado estoy es cuando me siento impotente.

14 nov. 2006

Exclusiva sevillana

Suena el despertador del móvil y son las 7.45 de la mañana. Me levanto y me hago los clásicos preparativos para ir a clase. Nada más salir del portal, está mi flecha plateada fabricada especialmente para las carreras por las calles de Sevilla. Poner los cuarenta principales es lo tercero que hago cuando ya estoy sentado.
Hay veinte metros en los que es fácil pasear en coche, luego se da el pistoletazo de salida, y como salgo de boxes, debo esperar mi oportunidad para incorporarme. Mano derecha en la palanca de cambio, la izquierda en el volante, pie izquierdo en el embrague y derecho esperando a poder pisar el acelerador, y como si de un depredador se tratara estoy concentrado escuchando los ruidos de los motores de los otros vehículos. Hay dos segundos en los que no se escucha nada y es el momento de emular al kaiser, piso el acelerador y ¡comienza la carrera! Aquí es donde se encienden los contadores de adelantamiento que, aunque no se ven, seguro que están en algún lugar del coche, pero aún no me he enterado si vale igual adelantar a una mujer, a un hombre mayor, a una persona que pese más que el coche o a una moto. Pero no debe contar lo mismo.
La velocidad normal es de diez o veinte por hora cuando no toca esperar al camión de la basura, claro que esa velocidad de crucero se ve acompañada de los pasos de semana santa, ya que vamos a poquito a poco, sin correr y pitando al primero que tarde más de dos segundos en reaccionar y se ponga en movimiento.
Siempre está el que se hurga la nariz, el que está medio dormido y el que busca aparcamiento.
Hay varios tipos de conductores que pueden realizar estas maniobras de despiste. Está la mujer normal y corriente que va todo lo lento que puede porque no se cree aún lo de los contadores y los puntos que da el carrefour al mejor del día, la mujer de gran peso que se toma como revancha el tráfico y no deja adelantarle (hay que hacer como en los dibujitos antiguos de los autos locos con risita y Cía.) porque ella sí que sabe que le espera un gran regalo si no le adelantan, el hombre canoso que ocupa su asiento y parte de la palanca del freno de mano que tampoco se deja adelantar y que va despacito porque pasa de las carreras porque lo suyo es disfrutar de los edificios y los tubos de escape de los demás, está también el que lleva un pedazo de coche y si te despistas, pon, te adelanta y queda registrado en su contador. Una batalla distinta se libra entre las motos. Ellas luchan con las demás motos y con los coches a regatear (quieren ser Maradona), pero nuestros coches están bien armados, dos espejos nos protegen y si nos ponemos de acuerdo dos coches no pueden pasarnos.
El tema de los semáforos y los “ceda el paso” está complicado. Si hay una gran cola, los semáforos funcionan al revés; si está en verde los coches se paran y en rojo es cuando se pasa y lo de la prioridad solo sirve para casos excepcionales.
Nota: Los contadores solo registran los adelantamientos y no es aplicable a otra oferta de puntos como hace la competencia. Es una exclusiva, lo del carné por puntos lo han copiado los policías del tráfico de Sevilla, que para algo pagamos al monteserrín, al cabezón y a Spock (o no).