20 abr. 2011

Carta a una desconocida

Querida desconocida,


sé que no esperas que te escriba ni que aún me acuerde ti, sin embargo, llevo mucho tiempo queríendote decir algo. No quiero pedirte nada nuevo, solo vengo a por mi parte. Aquel día en que el hombre calvo repartío la suerte, tú levantaste las dos manos y yo me quedé hablando con un amigo y se me pasó levantar una, que es lo que se nos pidió.

Estábamos en un salón de actos enorme y te sentaste a mi lado, no hablamos pero sentí mucha energía positiva. Lo que yo no esperaba es que ese flujo supusiera que mi porción de suerte te la daría. Me podrías haber avisado de lo de levantar la mano. ¿te suena a chino necesitar un ordenador y que ninguno funcione? ¿que si hay un cincuenta por ciento de que algo me salga bien, salga mal? ¿que la tostada siempre caiga del lado de la mantequilla pegada al suelo? ¿que si llegas cinco minutos tarde no te reciban? ¿que siempre a la cajera del supermercado que me vaya a atender se le estropee o la de antes de mí se pegue una hora para pagar? Estas cosas y otras no habría sucedido si no hubieras sido egoísta.

Querida desconocida, quiero mi parte de suerte. Un beso

10 abr. 2011

No comparemos

Es harto difícil de conseguir, e incluso diría que utópico y hasta quimérico en términos absolutos, aunque sería tan lindo llegar a eso que merece la pena seguir el camino.

Quiero erradicar la comparación entre personas, que no haya mejor que ni igual que, ni menos que. cada uno que aporte lo que tiene, lo que es, al mundo. Sería un buen camino hacia la paz y el buen ambiente. Tenemos los handicaps del capitalismo basado en la comparación y el peso de la cultura que nos viene de lejos, pero el corazón debe de ocpuar más sitio en nuestras palabras y acciones. No quiero un "si tú me das, yo te doy". Yo doy sin pensar que el otro me vaya dar, pues eso a la larga se consigue sin tener que entrar en un mercadeo. Para mí es llamarse a uno mismo mercancia.
Una vida de valores vale más que una vida de negocios.