30 sept. 2014

El caballero sonriente

Con mis ropajes de caballero
me lanzo a perseguir sueños,
con mis ojos verdes vuelo
como el águila que soy, sin dueños

Siento el viento esquivo a mi paso,
rompo las cadenas del universo
donde la bestia reina a su merced
creando y quemando nubes en el cielo,
pues soy el caballero paciente
de la sonrisa eterna, un demente más
en esta vida del juego invisible
entre el ocaso y edén.

21 sept. 2014

El nacimiento de Gael, según Mamá



Después del nacimiento de Yago, nuestro primer hijo, en hospital y un parto en absoluto respetado, decidimos que no queríamos volver a pasar por algo similar y que nuestro siguiente hijo vendría al mundo de manera muy diferente. Por él, por mí, por su papá…

No fue camino fácil, en varios sentidos, llegar a hacerlo realidad, pero llegó el gran día y no se produjo ese camino al hospital, no hubo nervios, ni miedos, ni dudas…no hubo tubos fluorescentes, ni recepciones, ni papeleos, ni camillas…

Llevaba varios días de pródromos, era aproximadamente la una de la madrugada, las contracciones llevaban siendo rítmicas e intensas durante más de media hora y ya no me dejaban dormir. Así pasó media hora, una, dos, tres….pero la intensidad apenas evolucionaba y supe que iba avanzando muy lentamente, así que prefería estar sóla, ni siquiera avisé a Pepe, que ya dormía, . Empecé escribiendo en el diario que inicié el día que supe que estaba embarazada de Yago, me apetecía contarles lo que estaba sintiendo, lo feliz que me hacía estar tan cerca de ese momento tan deseado. Aunque no podía dormir, era consciente de que me esperaba un largo camino por delante y necesitaba estar descansada y fuerte, pero no me apetecía estar en la cama, así que me fui al cuarto de juego de Yago, un espacio donde me sentía muy bien, un rincón muy acogedor, con las paredes pintadas en colores cálidos, donde habíamos preparado la piscina de parto, una lamparita de luz tenue, la pelota de pilates…. Allí estuve entre paseos, pelota, sofá, cojines, hasta que a las 7 de la mañana pedí a Sole que viniera, habían pasado muchas horas y tenía necesidad de saber en qué momento me encontraba.

Con el amanecer llegaron nuestras acompañantes, Sole y Luna, cargadas con una silla de partos y una gran maleta roja donde traían todo necesario para la ocasión. Al poco comprobamos, como ya suponía, que había avanzado poco, apenas 3 cm de dilatación.

Yago se despertó y nos acompañó en el salón durante un tiempo, se agarraba a mis piernas, me daba besos... Estoy convencida de que percibía que algo importante iba a pasar. Pepe se encargó de jugar con él y permitirnos a nosotros cuatro ir al dormitorio, las contracciones se iban haciendo más intensas y Sole me propuso hacer otro tacto para comprobar la dilatación. No sabría decir el tiempo que había transcurrido desde la vez anterior, pues lo primero que olvidé fue que existía el tiempo… y comencé a vivir el carpe diem más absoluto. Podría decir que una de las muchas cosas maravillosas que disfruté con esta experiencia fue eso, vivir cada contracción, cada descanso, cada respiración, beso, abrazo, cada segundo, como el presente más absoluto, no había pasado ni futuro. Para nuestro asombro, seguía estando de 3 cm, un bloqueo, un parto estancado…lo que en otra situación habría sido sinónimo de exitocina sintética, de cuenta atrás para una intervención médica y en ese momento lo único que pensé fue que no quería ir al hospital, no iba a ir al hospital! tenía que salir de ese bloqueo y continuar el camino, avanzar, Gael y yo lo íbamos a conseguir, no me cabía ninguna duda, cada contracción era un pasito más, nos acercaba al final del camino, había que aprovecharlas para continuar y, como me repetían una y otra vez Sole y Luna, no podía luchar contra las contracciones, no podía agarrarme a lo que mi cuerpo reconocía como dolor, tenía que vivirlas, acompañarlas, aprovecharlas, porque eran esas contracciones el impulso que me permitiría seguir avanzando. Así que me agarré a eso y acompañando cada una de ellas con un largo y suave ahh, ahhhhhhh, aaaaaaaaaahhhhhhh, sonido que acompañaba a mis exhalaciones, con las manos de unos y otros, probando diferentes posturas, recibiendo masajes con aceite en los riñones, con sus miradas de apoyo y sus respiraciones acompañándome, pude empezar a vivir esas contracciones cada vez más intensas de una forma productiva.

Yago hizo un último amago de abrazo y yo no pude corresponderle, ya no estaba, lo mundano se alejó de mi alcance, estaba cada vez más dentro de mi…y pedí que llamaran a su abuela para que lo recogiera, necesitaba a Pepe cerquita y esos besos y abrazos de mi pequeño debían esperar, toda mi energía estaba en otra dimensión.

Sole me propuso hacer otro tacto, casi 2 cm más, habíamos salido del bloqueo, aunque el avance era poquito. Yo lo recibí bien, vamos, avanzando…despacio, pero está bien. Desde hace tiempo aprendí a buscar el lado positivo de las cosas y encontrarles sentido cuando algo no va bien o sencillamente no es lo que esperas. Sentí que debía ser así, que mi parto anterior había sido forzado, manipulado y apresurado y que este compensaría todo aquello, que este tiempo que estaba pasando me estaba permitiendo vivir e interiorizarlo todo de forma más profunda y consciente y así fue como acepté, sin prisas, que Gael llegará cuando y como él necesitara y que ahí estaba yo, ahí estábamos nosotros para acompañarlo y facilitarle su camino hacia la vida fuera de la barriga de mamá.

Desde que se fue Yago pude disfrutar más de la compañía y apoyo de Pepe que hasta el momento había centrado su energía en acompañar a nuestro pequeño. La compañía femenina me resultaba imprescindible y aunque los necesitaba a todos, creo que cada cual estuvo cuando y como debía estar y tal y como yo los necesitaba.

Como perdí la noción del tiempo no podría decir cuánto pasaría, sólo sé que a partir de entonces, las contracciones eran muy, muy intensas, estaba realmente cansada y apenas podía mantener los ojos abiertos. Recuerdo acompañar las contracciones con un vaivén de cabeza hacia delante y hacia atrás, repitiéndome interiormente que podía, que yo sabía parir, que Gael iba a nacer en casa! Algunas contracciones me arrastraban hacia el dolor, hacia la resistencia, me alejaban de mi propósito de expandir, avanzar, vivir…recuerdo varias de ellas, en las que sentada en el sofá (con Luna y Pepe uno a cada lado apretando contra mis riñones una botella de agua ardiendo, para aliviarme) yo me agarraba al sofá y contraía mi cuerpo hacia arriba. Sole y Luna me recordaban que llevara mi energía, mi fuerza y mi cuerpo hacia la Tierra, mi bebé tenía que seguir bajando… yo tenía que acompañarle, me necesitaba…y gracias a eso yo conseguía retomar, reconducía, relajaba y tomaba consciencia de nuevo. Era fácil crear resistencia en esos momentos, GRACIAS por estar a mi lado y ayudarme a volver al camino. Me sentía más cerca de Pepe que nunca, su mirada, que podía percibir aun con mis ojos cerrados, su aliento, sus manos firmes, sus besos….

8 cm!, creo recordar que fue justo entonces cuando, como describió Pepe de forma tan poética cómo sólo él sabe, puse a pasear lágrimas por mis mejillas por segunda vez,- exprésate Carmen, qué pasa, que sientes…me animó Sole, -Estoy muy cansada! Creo que fue lo que pronuncié, aunque eran lágrimas de cansancio, de agotamiento diría, también de alegría de saber que ya estaba cerca, que lo estaba consiguiendo….y al mismo tiempo de dolor, porque a pesar de ser un dolor totalmente diferente a cualquier otro, de ser un dolor lleno de sentido y que podía visualizar, mi cuerpo casi no podía ya soportarlo.

En el siguiente tacto estaba en completa, ya! Ya no quedaba nada. Pude tocar la bolsa, aun intacta, y la cabecita de mi niño, qué magia! –Ya puedes empujar si tienes ganas. Sin pensar, como todo este tiempo atrás, siguiendo mi instinto animal más absoluto, me tiré al suelo, de rodillas y apoyé mis brazos sobre la silla de parto, entonces Pepe hizo lo mismo colocándose frente a mí, dejando la silla de partos entre nosotros, como punto de apoyo para ambos y me agarré a sus brazos, metiendo los míos por las mangas de su camiseta. Muchas contracciones, muchos pujos, muchas sensaciones y emociones. 40 minutos….eso supe después Pepe no se separó ni un segundo, sus fuerzas no flaquearon, su soporte no flaqueó, permaneció firme, sereno, tal y como yo lo necesitaba. Me besaba, sé que me miraba, me apretaba, me sujetaba. Y entonces, a pesar de experimentar la sensación de dolor más intenso de mi vida, viví la experiencia más maravillosa y con un punto de placer indescriptible: el expulsivo. Sentir como Gael iba avanzando y yo podía vivir con él cada pequeño movimiento dentro de mí, en cada contracción empujaba y respiraba según mis sensaciones, nadie me guiaba, yo sabía lo que necesitaba, yo sentía, yo administraba mi oxígeno, mis fuerzas, mi energía, yo paria, yo! Cada pujo notaba como Gael avanzaba un poco más y al terminar la contracción retrocedía un poquito y a la siguiente avanzaba un poco más que en la anterior y retrocedía un poco al terminar el pujo y la contracción. – Carmen, si se va déjala ir….descansa, me aconsejaba Sole. y así, despacito, sin prisas, Gael iba asomándose al Mundo. Lo sentí ya casi fuera y de repente en una de las contracciones se rompió la bolsa. Supe que en la siguiente ya saldría su cabecita y así fue! al poquito su cuerpo se escurrió, salió de mí! Habíamos sido uno hasta ese mismo instante y ahora empezaba su vida fuera. Me inundó una profunda felicidad al recibirlo sobre mi cuerpo desnudo. Era un bebé precioso, sonrosado y olía a vida. Respiró nada más salir y se agarró a mi teta, no deja de asombrarme ese instinto, como nacemos sabiendo mamar. En 2 contracciones más el alumbramiento de la placenta y ahí lo dejamos, unido a ella hasta que el cordón dejó de latir, nutriéndolo de ese sustento de transición, imprescindible durante 9 meses dentro de mamá e importante y enriquecedor en este momento, ya en el Mundo. Eran las seis y diez de la tarde.

La naturaleza es maravillosa, sólo hay que dejarla fluir.

Bienvenido mi amor, si ya te quería ahora no puedo describir lo que siento. Gracias Pepe! Lo conseguimos!!


 

17 sept. 2014

Luces y sombras. A cuáles temer más?

Las sombras, nuestros miedos, nos hacen caminar por donde queremos, pasamos mucho tiempo con ellos, los conocemos muy bien, nos han hecho ser lo que somos hoy guiado por un ayer marcado por su fuerte presencia en nuestra mente. Es el camino fácil, el de líneas rectas, el de 'mejor no lo hago por si me descontrolo', el de 'sabía que por mi culpa, pasaría esto', 'no me acerco a él porque sé que le voy a decepcionar, 'me siento pequeño a su lado'.

En cambio, la luz, nuestras virtudes, nuestras buenas acciones, pensamientos y hechos, nos llevan a lo inexplorado, a vivir aventuras, a las curvas sin ver el final, a crecer conociéndonos, a ofrecernos al mundo, a observar el horizonte desde un precipicio, al 'aquí estoy para lo que venga', al 'puedo superarlo', al 'acéptame como soy', al 'caminemos juntos',

En un primer vistazo, la sombra es lo que nos paraliza, lo que hace que no se mueva nada, donde envejecemos furiosos, y la luz lo que nos hace sentir en contínuo movimiento, desde donde se ve todo, donde habita la paz.

Sin embargo, estudiándolos, vemos que la luz nos atemoriza aún más. La sombra es un universo conocido, robotizado, parado, egoísta. Da miedo, sí, pero es controlable, predecible e inmutable. La luz es el universo en movimiento, exige valentía, confianza, responsabilidad, humildad, unión, propósito y amor. Da horror porque es impredecible, porque lo ofrecemos al mundo pero no sabemos lo que nos va a devolver ni siquiera si habrá recompensa.

En conclusión, nuestra sombra es la espada y la luz nuestro cuerpo. Qué es peor, ¿perder la espada o el cuerpo?





12 sept. 2014

El nacimiento de Gael, según Papá

Es difícil ponerse a describir algo tan mágico como ha sido nuestro parto en casa. Sin embargo, la ilusión por compartir y dejar constancia en este testamento que es mi espacio, es mayor que las dudas que puedan surgir sobre cómo transmitir con palabras tantos silencios bellos.
 Desde que surgió la idea de parir por nuestros medios, estaba convencido de que era lo que deseaba. En eso dediqué buena parte de mi energía. Hubo cambios de planes ajenos a nosotros en el camino pero llegado el día todo fluyó de la manera más natural que se puede imaginar. 
 La luna acompañó las primeras contracciones de Carmen. Me asomé al cuarto de juegos de Yago y estaba ella tumbada con las piernas encogidas en el sofá con cojines. Una estampa tan bonita y llena de amor que no quise perturbar. Me fuí a dormir con Yago, acurrucados esperando nuestro momento para aportar lo que necesitaran Carmen y Gael. A las siete de la mañana llegaron nuestras acompañantes: Sole y Luna. Sole con su experiencia en partos naturales anteriores y un punto que me encanta de humor cuando la ocasión lo pide, y Luna, que vivía su primer parto en casa como acompañante y nos dio todo su ser habiéndola conocido el día de antes. ¡Gracias!
 Preparamos un buen desayuno en el salón y el ambiente de paz, alegría y positividad fue uniéndonos cada vez más. No hacían falta preguntas, solo dejar fluir y oír la Naturaleza. Yago despertó, desayunó y estuvimos jugando mientras ellas tres y Gael se fueron al dormitorio. Cada cierto tiempo, Yago iba a abrazar a su madre y besar a su hermanito. Podía sentir que algo importante estaba pasando porque iba aumentando sus muestras de cariño y disminuyendo su interés por jugar. Tanto que su abuela Carmen se lo llevó cuando había aportado todo lo que podía al nacimiento de Gael. Esta abuela sabía que su papel era estar con las manos abiertas para lo que necesitaran su hija y sus nietos. ¡Gracias!  Su abuela Gracia permaneció en mi cabeza en todo momento, sabía que yo la iba a necesitar con sus consejos. ¡Gracias mamá!
 Llegó el momento de comer con las contracciones cada vez más seguidas, más fuertes y unos silencios llenos de amor. ¡Qué magia! No había manecillas de reloj golpeando, no había preocupaciones y casi ni palabras. Todas nuestras energías estaban en empatizar con Gael y Carmen. Contracción-respirar-contracción-respirar... Cada momento se vivía de forma distinta. Carmen iba perdiendo consciencia de todo aquello que no fuera ayudar a Gael en su camino al mundo, incluso a veces cerraba los ojos y se dejaba caer hacia Luna, Sole o yo. En los momentos  de respirar, la mayoría eran para mirar a Sole, que la tenía enfrente y le aconsejaba que no luchara contra las contracciones sino que las viviera. Luna y yo le dábamos besos y los animábamos. Todo fluía, eramos cinco en uno. Gael iba recorriendo su camino, Carmen facilitándolo y los demás a expensas de sus necesidades. Hubo tanta unión que en un momento en el que Carmen puso a pasear por su rostro lágrimas, Luna y yo también lo hicimos mientras Sole se levantó a comer algo. La idea era comer uno a uno para que en las contracciones, si Carmen deseaba algo, lo tuviera. Todos éramos indispensables. Podía ser que consciente o inconscientemente, quisiera agarrarnos las manos, abrazar a alguien, que la sujetáramos o cuidar sus riñones. Ahí teníamos y queríamos estar.
 Cuando ya estaba muy cerca el momento de recibir a Gael en el mundo, Carmen se puso en el centro del salón con las rodillas en tierra, Luna y Sole por detrás hablándole para que todo fuera bien y yo delante siendo su apoyo físico. Se agarraba a mis brazos y yo la besaba, acompañaba y animaba según sus sensaciones. Gael mostró su inteligencia al ir yendo poco a poco. Ellos cuatro realizando maniobras para que hubiera final feliz, y yo con el aliento de la abuela Gracia, mostrando la seguridad de que ya no quedaba casi nada para que Gael respirara fuera y que lo iba a tener en brazos para enseñarlo al mundo.
Así fue. Gael nació y Sole lo puso en los brazos de su mamá. Un nuevo amor en mi vida. ¡Gracias Carmen! ¡lo conseguimos!