7 jul. 2011

Nueva religion

Las religiones suelen aparecer en momentos como este de crisis social y estoy pensando en crear una nueva aprovechando el momento. Ya que el mercado de las religiones que parten del dolor humano está completo, la mía va a partir de la felicidad de vivir y la alegría de los pequeños momentos.


Lo primero, aunque no entiendo la importancia que pueda tener, es explicar el principio del mundo, pero como en el fondo lo explican de la misma manera tanto ciencia como religión, pues me la salto. En esta religión el dios creador y protector es una persona cercana, que no hace milagros en plan aplausos sino que cuida los pequeños detalles, da consejos y a veces hierra, así no hay intermediarios que desvíen la atención hacia lo importante: El camino a seguir hacia la felicidad. Para mí, la felicidad es quizá un metro cuadrado de tierra sin nada que lo pise y cuando lleguemos a él, debe ser nuestra alma la que se sienta plena. Cuando se llega a ella, en el horizonte se dibujará una nueva montaña, quizá con otra inclinación, otra vegetación y otra compañía.

Mandamientos mejores que la Carta de los Derechos Humanos no encuentro, así que esa será el contenido del libro sagrado, las prohibiciones, derechos y deberes de todo el que quiera formar parte de esta nueva idea.

Si reflexionar sobre el principio del mundo no tiene cabida en esta nueva religión, tampoco la tiene el paso posterior a la muerte. Las religiones se autoproclaman Verdaderas y eso crea disputas entre ellas e incluso, extrañamente aceptado está que dentro de ellas.

Esta nueva religión está abierta, depende de la experiencia de cada uno y solo exige la igualdad entre seres vivos. Es tan grande la variedad de religiones que lo mejor es picotear y quedarse con lo que nos venga mejor de cada uno.

Por último, un nombre que la haga reconocible fácilmente: Presentismo.

4 jul. 2011

Gloria urbana

Cruzar la carretera en ocasiones es un acto de valentía, el paso entre el Hombre y el Semidios, la gloria en segundos si se consigue alcanzar la acera antes que los colegas, si pasas sin esperar semáforo y los demás si lo hacen. Sienta muy bien hacerlo, los músculos aumentan su volumen y la sonrisa se adueña del rostro. Solo tiene un problema asociado, pero merece la pena. Las alabanzas desde el cielo que se escuchan y los aplausos del ego, se pueden ver interrumpidos por el avance de la tropa de la tontería que con su música de tambores nos hace ver que aunque pienses que te van a poner la medalla al mérito aventurero, todo queda en eso. Hay que quedarse quieto en la acera hasta que los demás, pobres inteligentes, crucen la carretera.




En fin, que los golpes de felicidad de la vida duran poco y hay que vivirlos como si fueran eternos.