13 jul. 2009

Candida y su historia

Esta es de las cosas que me gustan de la vida, estas casualidades. Coincidí hace nada con una mujer mayor, 75 años dijo que tenía, en un kiosko de prensa. Se puso a hablar conmigo, primero sobre el cielo y el infierno y luego ya me contó su perra vida, y no en el sentido de vagancia, sino de piedrecillas y pedruzcos que se había encontrado en el camino. Mucha gente le habría cortado y seguido su camino, pero no quise ni eso ni desconectar. Es algo muy rico lo que se siente cuando alguien te cuenta sus cosas y sabes que tu silencio le basta y sobra para sentirse mejor. No sé que le hizo pararse conmigo, sé que me alegró que lo hiciera.

No me voy a detener en lo que me contó pues es fácil adivinar lo que le pudo ocurrir a una niña de la postguerra que se casó con el hombre equivocado y dedicó su vida a las buenas obras, las que realmente importan sin darle más valor al dinero que un medio para ayudar a familialres, amigos o dando una gran propina a desconocidos. Al final me dijo que yo había hecho la buena obra del día escuchándola. Supongo que una buena obra es eso, ayudar y ser ayudado.

2 comentarios:

Miguel dijo...

Querido amigo: ten paciencia y ánimo; que no ofenden a tu juventud y es de esperar que pasen pronto los achaques que sufres actualmente.
La vida de que disponemos es así; no reconoce edad, cálculos o estadísticas, pero, al menos, la tuya no parece incapacitarte para disfrutarla. Nada se te pide o exige, sólo que mantengas las calma y uses el baremo de la gratitud para medir lo que se te ofrece, incluso en los momentos más oscuros.

Y bien, Pepe, te comento de esta manera, que parece fuera de lugar, porque se me ha estropeado el mesenger: recibo correos, pero no puedo contestar, ya que el teclado no me permite.
Sólo decirte que he leido y disfrutado de tus últimos artículos, y te animo a que continúes en esa línea de la que te veo más dotado; aunque también seas para mí un joven poeta en ciernes.

Como Cándida, te agradezco todo el corazón y la buena amistad que me ha ofrecido siempre tu compañía.

Salud, amigo.

Olga B. dijo...

Hola, Pepe. A mí me ocurre eso a menudo. Mi marido dice que "huelen" que les voy a escuchar, que es culpa mía. Pero a mí no me parece una culpa, a veces me han contado cosas increíbles en la parada del autobús... y la gente necesita mucho que la escuchen, ya lo creo.
Por cierto, ya que veo a Miguel por aquí, ¿qué ha pasado con tu blog?. Ya no existe.
Bueno, sea lo que sea, espero que ambos estéis pasando un buen verano.
Un beso.