17 sept. 2014

Luces y sombras. A cuáles temer más?

Las sombras, nuestros miedos, nos hacen caminar por donde queremos, pasamos mucho tiempo con ellos, los conocemos muy bien, nos han hecho ser lo que somos hoy guiado por un ayer marcado por su fuerte presencia en nuestra mente. Es el camino fácil, el de líneas rectas, el de 'mejor no lo hago por si me descontrolo', el de 'sabía que por mi culpa, pasaría esto', 'no me acerco a él porque sé que le voy a decepcionar, 'me siento pequeño a su lado'.

En cambio, la luz, nuestras virtudes, nuestras buenas acciones, pensamientos y hechos, nos llevan a lo inexplorado, a vivir aventuras, a las curvas sin ver el final, a crecer conociéndonos, a ofrecernos al mundo, a observar el horizonte desde un precipicio, al 'aquí estoy para lo que venga', al 'puedo superarlo', al 'acéptame como soy', al 'caminemos juntos',

En un primer vistazo, la sombra es lo que nos paraliza, lo que hace que no se mueva nada, donde envejecemos furiosos, y la luz lo que nos hace sentir en contínuo movimiento, desde donde se ve todo, donde habita la paz.

Sin embargo, estudiándolos, vemos que la luz nos atemoriza aún más. La sombra es un universo conocido, robotizado, parado, egoísta. Da miedo, sí, pero es controlable, predecible e inmutable. La luz es el universo en movimiento, exige valentía, confianza, responsabilidad, humildad, unión, propósito y amor. Da horror porque es impredecible, porque lo ofrecemos al mundo pero no sabemos lo que nos va a devolver ni siquiera si habrá recompensa.

En conclusión, nuestra sombra es la espada y la luz nuestro cuerpo. Qué es peor, ¿perder la espada o el cuerpo?





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