21 sept. 2014

El nacimiento de Gael, según Mamá



Después del nacimiento de Yago, nuestro primer hijo, en hospital y un parto en absoluto respetado, decidimos que no queríamos volver a pasar por algo similar y que nuestro siguiente hijo vendría al mundo de manera muy diferente. Por él, por mí, por su papá…

No fue camino fácil, en varios sentidos, llegar a hacerlo realidad, pero llegó el gran día y no se produjo ese camino al hospital, no hubo nervios, ni miedos, ni dudas…no hubo tubos fluorescentes, ni recepciones, ni papeleos, ni camillas…

Llevaba varios días de pródromos, era aproximadamente la una de la madrugada, las contracciones llevaban siendo rítmicas e intensas durante más de media hora y ya no me dejaban dormir. Así pasó media hora, una, dos, tres….pero la intensidad apenas evolucionaba y supe que iba avanzando muy lentamente, así que prefería estar sóla, ni siquiera avisé a Pepe, que ya dormía, . Empecé escribiendo en el diario que inicié el día que supe que estaba embarazada de Yago, me apetecía contarles lo que estaba sintiendo, lo feliz que me hacía estar tan cerca de ese momento tan deseado. Aunque no podía dormir, era consciente de que me esperaba un largo camino por delante y necesitaba estar descansada y fuerte, pero no me apetecía estar en la cama, así que me fui al cuarto de juego de Yago, un espacio donde me sentía muy bien, un rincón muy acogedor, con las paredes pintadas en colores cálidos, donde habíamos preparado la piscina de parto, una lamparita de luz tenue, la pelota de pilates…. Allí estuve entre paseos, pelota, sofá, cojines, hasta que a las 7 de la mañana pedí a Sole que viniera, habían pasado muchas horas y tenía necesidad de saber en qué momento me encontraba.

Con el amanecer llegaron nuestras acompañantes, Sole y Luna, cargadas con una silla de partos y una gran maleta roja donde traían todo necesario para la ocasión. Al poco comprobamos, como ya suponía, que había avanzado poco, apenas 3 cm de dilatación.

Yago se despertó y nos acompañó en el salón durante un tiempo, se agarraba a mis piernas, me daba besos... Estoy convencida de que percibía que algo importante iba a pasar. Pepe se encargó de jugar con él y permitirnos a nosotros cuatro ir al dormitorio, las contracciones se iban haciendo más intensas y Sole me propuso hacer otro tacto para comprobar la dilatación. No sabría decir el tiempo que había transcurrido desde la vez anterior, pues lo primero que olvidé fue que existía el tiempo… y comencé a vivir el carpe diem más absoluto. Podría decir que una de las muchas cosas maravillosas que disfruté con esta experiencia fue eso, vivir cada contracción, cada descanso, cada respiración, beso, abrazo, cada segundo, como el presente más absoluto, no había pasado ni futuro. Para nuestro asombro, seguía estando de 3 cm, un bloqueo, un parto estancado…lo que en otra situación habría sido sinónimo de exitocina sintética, de cuenta atrás para una intervención médica y en ese momento lo único que pensé fue que no quería ir al hospital, no iba a ir al hospital! tenía que salir de ese bloqueo y continuar el camino, avanzar, Gael y yo lo íbamos a conseguir, no me cabía ninguna duda, cada contracción era un pasito más, nos acercaba al final del camino, había que aprovecharlas para continuar y, como me repetían una y otra vez Sole y Luna, no podía luchar contra las contracciones, no podía agarrarme a lo que mi cuerpo reconocía como dolor, tenía que vivirlas, acompañarlas, aprovecharlas, porque eran esas contracciones el impulso que me permitiría seguir avanzando. Así que me agarré a eso y acompañando cada una de ellas con un largo y suave ahh, ahhhhhhh, aaaaaaaaaahhhhhhh, sonido que acompañaba a mis exhalaciones, con las manos de unos y otros, probando diferentes posturas, recibiendo masajes con aceite en los riñones, con sus miradas de apoyo y sus respiraciones acompañándome, pude empezar a vivir esas contracciones cada vez más intensas de una forma productiva.

Yago hizo un último amago de abrazo y yo no pude corresponderle, ya no estaba, lo mundano se alejó de mi alcance, estaba cada vez más dentro de mi…y pedí que llamaran a su abuela para que lo recogiera, necesitaba a Pepe cerquita y esos besos y abrazos de mi pequeño debían esperar, toda mi energía estaba en otra dimensión.

Sole me propuso hacer otro tacto, casi 2 cm más, habíamos salido del bloqueo, aunque el avance era poquito. Yo lo recibí bien, vamos, avanzando…despacio, pero está bien. Desde hace tiempo aprendí a buscar el lado positivo de las cosas y encontrarles sentido cuando algo no va bien o sencillamente no es lo que esperas. Sentí que debía ser así, que mi parto anterior había sido forzado, manipulado y apresurado y que este compensaría todo aquello, que este tiempo que estaba pasando me estaba permitiendo vivir e interiorizarlo todo de forma más profunda y consciente y así fue como acepté, sin prisas, que Gael llegará cuando y como él necesitara y que ahí estaba yo, ahí estábamos nosotros para acompañarlo y facilitarle su camino hacia la vida fuera de la barriga de mamá.

Desde que se fue Yago pude disfrutar más de la compañía y apoyo de Pepe que hasta el momento había centrado su energía en acompañar a nuestro pequeño. La compañía femenina me resultaba imprescindible y aunque los necesitaba a todos, creo que cada cual estuvo cuando y como debía estar y tal y como yo los necesitaba.

Como perdí la noción del tiempo no podría decir cuánto pasaría, sólo sé que a partir de entonces, las contracciones eran muy, muy intensas, estaba realmente cansada y apenas podía mantener los ojos abiertos. Recuerdo acompañar las contracciones con un vaivén de cabeza hacia delante y hacia atrás, repitiéndome interiormente que podía, que yo sabía parir, que Gael iba a nacer en casa! Algunas contracciones me arrastraban hacia el dolor, hacia la resistencia, me alejaban de mi propósito de expandir, avanzar, vivir…recuerdo varias de ellas, en las que sentada en el sofá (con Luna y Pepe uno a cada lado apretando contra mis riñones una botella de agua ardiendo, para aliviarme) yo me agarraba al sofá y contraía mi cuerpo hacia arriba. Sole y Luna me recordaban que llevara mi energía, mi fuerza y mi cuerpo hacia la Tierra, mi bebé tenía que seguir bajando… yo tenía que acompañarle, me necesitaba…y gracias a eso yo conseguía retomar, reconducía, relajaba y tomaba consciencia de nuevo. Era fácil crear resistencia en esos momentos, GRACIAS por estar a mi lado y ayudarme a volver al camino. Me sentía más cerca de Pepe que nunca, su mirada, que podía percibir aun con mis ojos cerrados, su aliento, sus manos firmes, sus besos….

8 cm!, creo recordar que fue justo entonces cuando, como describió Pepe de forma tan poética cómo sólo él sabe, puse a pasear lágrimas por mis mejillas por segunda vez,- exprésate Carmen, qué pasa, que sientes…me animó Sole, -Estoy muy cansada! Creo que fue lo que pronuncié, aunque eran lágrimas de cansancio, de agotamiento diría, también de alegría de saber que ya estaba cerca, que lo estaba consiguiendo….y al mismo tiempo de dolor, porque a pesar de ser un dolor totalmente diferente a cualquier otro, de ser un dolor lleno de sentido y que podía visualizar, mi cuerpo casi no podía ya soportarlo.

En el siguiente tacto estaba en completa, ya! Ya no quedaba nada. Pude tocar la bolsa, aun intacta, y la cabecita de mi niño, qué magia! –Ya puedes empujar si tienes ganas. Sin pensar, como todo este tiempo atrás, siguiendo mi instinto animal más absoluto, me tiré al suelo, de rodillas y apoyé mis brazos sobre la silla de parto, entonces Pepe hizo lo mismo colocándose frente a mí, dejando la silla de partos entre nosotros, como punto de apoyo para ambos y me agarré a sus brazos, metiendo los míos por las mangas de su camiseta. Muchas contracciones, muchos pujos, muchas sensaciones y emociones. 40 minutos….eso supe después Pepe no se separó ni un segundo, sus fuerzas no flaquearon, su soporte no flaqueó, permaneció firme, sereno, tal y como yo lo necesitaba. Me besaba, sé que me miraba, me apretaba, me sujetaba. Y entonces, a pesar de experimentar la sensación de dolor más intenso de mi vida, viví la experiencia más maravillosa y con un punto de placer indescriptible: el expulsivo. Sentir como Gael iba avanzando y yo podía vivir con él cada pequeño movimiento dentro de mí, en cada contracción empujaba y respiraba según mis sensaciones, nadie me guiaba, yo sabía lo que necesitaba, yo sentía, yo administraba mi oxígeno, mis fuerzas, mi energía, yo paria, yo! Cada pujo notaba como Gael avanzaba un poco más y al terminar la contracción retrocedía un poquito y a la siguiente avanzaba un poco más que en la anterior y retrocedía un poco al terminar el pujo y la contracción. – Carmen, si se va déjala ir….descansa, me aconsejaba Sole. y así, despacito, sin prisas, Gael iba asomándose al Mundo. Lo sentí ya casi fuera y de repente en una de las contracciones se rompió la bolsa. Supe que en la siguiente ya saldría su cabecita y así fue! al poquito su cuerpo se escurrió, salió de mí! Habíamos sido uno hasta ese mismo instante y ahora empezaba su vida fuera. Me inundó una profunda felicidad al recibirlo sobre mi cuerpo desnudo. Era un bebé precioso, sonrosado y olía a vida. Respiró nada más salir y se agarró a mi teta, no deja de asombrarme ese instinto, como nacemos sabiendo mamar. En 2 contracciones más el alumbramiento de la placenta y ahí lo dejamos, unido a ella hasta que el cordón dejó de latir, nutriéndolo de ese sustento de transición, imprescindible durante 9 meses dentro de mamá e importante y enriquecedor en este momento, ya en el Mundo. Eran las seis y diez de la tarde.

La naturaleza es maravillosa, sólo hay que dejarla fluir.

Bienvenido mi amor, si ya te quería ahora no puedo describir lo que siento. Gracias Pepe! Lo conseguimos!!


 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Se pueden coger con las manos esos sentimientos al leer.

Anónimo dijo...

Es un momento tannnn.....con ese puñaito de sentimientos a la vez, que yo no habría sido capáz de describirlo, sólo quien lo ha sentido es capáz de entender.

Miguel Estrada dijo...

Estoy de acuerdo con Anónimo. No puedo añadir mas. Enhorabuena.