30 sept. 2016

El queso de mi vida

Siempre antes de comer y de escribir me lavo las manos y me pongo algo blanco de ropa. Esta vez no es distinto. Como se hacía antes, primero lo he pasado a papel y boli y ahora a compartirlo contigo quien quiera que sea quien esté juntando estas letras y palabras.

¡Quién se ha llevado mi queso! Un libro que no sé ni cuándo ni cómo ni por qué ha llegado a mi casa y te digo que es lo de menos por todo lo que me está enseñando. Para mí era un cuento infantil que leía a Yago y Gael antes de dormir pero… equilicuá, es un libro de autoayuda que describe mi momento. Ahí va un posible resumen de este hallazgo.

Erase una vez un país lejano en el que había cuatro habitantes: Escurridizo, Fisgón, Hem y Haw. Tenían delante de sus casas un laberinto que recorrían cada mañana en busca de comida. Alguien había puesto queso en algún lugar del laberinto. Se calzaban sus zapatillas y se adentraban por parejas. Los ratones, Fisgón y Escurridizo, utilizaban el sencillo método de tanteo para encontrar el queso. Recorrían un pasadizo y, si lo encontraban vacío, se daban media vuelta y recorrían otro. Recordaban los pasadizos donde no había queso y, de ese modo, pronto empezaron a explorar nuevas zonas.  Fisgón utilizaba su magnífica nariz para husmear la dirección general de donde procedía el olor del queso, mientras que Escurridizo se lanzaba hacia delante. Se perdieron más de una vez, como no podía ser de otro modo; seguían direcciones equivocadas y a menudo tropezaban con las paredes. Pero al cabo de un tiempo encontraban el camino al queso de la estación quesera C.  Hem y Haw, los dos personajes (como los llama Yago), también utilizaban su capacidad para pensar y aprender de experiencias del pasado.  A veces les salía bien, pero en otras ocasiones se dejaban dominar por sus poderosas convicciones y emociones humanas, que nublaban su forma de ver las cosas. Eso hacía que la vida en el laberinto fuese mucho más complicada y desafiante. Así es la vida en sociedad.


Pero llegó el día. El día que los ratones sabían que iba a llegar. La estación quesera C estaba vacía.  Se les acabó el queso y no se hicieron preguntas. Fueron a por otro y lo encontraron. El queso nuevo era más voluminoso que el queso viejo y siguieron haciendo lo mismo. Lo cuidaron porque sabían que algún día se acabaría.

Hem y Haw confiaban en tener queso allí siempre pero llegó ese día. El día. Se acabó el queso eterno y se enfadaron. Mucho y mucho tiempo. Hasta que un día Hem se dio cuenta de que su presente había cambiado, ese queso no volvería. Si querían comer, tendrían que ir a por él. Intentó convencer a su amigo de que debían hacer algo pero Haw lo tenía claro: Su queso se lo merecía por el esfuerzo que le había costado tenerlo y el queso volvería. Él no se iba a adentrar en el laberinto, tenía miedo de lo que hubiera por el camino, tenía miedo de que ya no volviera a haber queso para él.

Entonces Hem comenzó su búsqueda de queso nuevo. Tenía sus miedos, sus dudas y sus preguntas sin responder pero él fue al laberinto. Fue aprendiendo cosas, le fue dejando frases y flechas a Haw por si salía de la vacía estación quesera C y para él por si quería volver. Vio que si se visualizaba con el queso más cerca lo tenía. Seguía sin su alimento pero tenía energía para seguir. Entonces llegó a la estación quesera E. Había poco queso pero le dio lo justo para seguir con vida por el laberinto. Entonces retrocedió hasta llegar a Haw y ofrecerle parte del queso que había hallado. Pero Haw no quería salir de su cómoda y vacía estación quesera C. Hem siguió y siguió escribiendo en las paredes del laberinto frases y flechas para Haw y para él.

Llegó a la estación quesera N donde había mucho más queso que en la anterior y donde ya estaban Fisgón y escurridizo. Lo disfrutó, lo cuidó y fue a buscar más por el laberinto en previsión de que se acabara ese queso nuevo. A veces pensó si algún día llegaría Haw al queso nuevo. Un libro con final abierto.

Ahora me toca. He visto el queso desaparecer y no sé con qué energía me voy adentrando en el laberinto con personas que no conozco a las que abrirme, con situaciones que antes no resolvía y ahora estoy aprendiendo a resolver, con la consciencia de que el futuro es el queso, sí, pero no sé dónde está ni que forma tiene. Solo sé que Hem pudo y yo también. Por lo que he visto en la red, cada uno de los cuatro personajes representa partes de nuestra personalidad pero es que no soy borregista y lo veo más como actitudes que debemos decidir ante un problema. Sería fácil hacer de Hem pero creo que así el queso no llegará. Prefiero ser ahora y sé que quiero ser Haw. Pase lo que pase, voy a poner toda mi forma de ver el mundo para hallar el queso nuevo.

¿Y tú? ¿Te quedarás esperando a que vuelva a ser como antes o aceptarás el cambio? Pondrás delante de ti un espejo o la foto de otro? ¿aceptas que el futuro no existe si no das pasos en el presente?

5 comentarios:

Anónimo dijo...


Nunca eché cuenta a ese libro. Me parece increible todo lo que escondía. Curioso que sea queso el elemento tan deseado y necesario. Ya no creo en las casualidades....ya no.

Pepe dijo...

Pues estamos igual jajaja

siempre hay un hoy para darse cuenta

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

Buen cuento pero mejor reflexión.
A mi por lo menos me hizo pensar en donde estoy en este momento y hacia donde quiero ir.
Gracias no dejes de escribir

Anónimo dijo...

Los laberintos don duros... Por lo cansado, lo desesperante... Pero son divertidos en la misma proporción: explorar, conocer, caminar, pensar, adivinar y DESCUBRIR!!!...
Además los laberintos son otra cosa... INEVITABLEs