13 dic. 2006

Anoche

Anoche medio dormido, con la oscuridad solo perturbada por el reflejo de alguna ventana de mi patio, con la televisión y el ordenador apagados y con la alarma puesta para el día siguiente, tuve la impresión de que dormiría y ya no volvería a despertar. Tenía la mano derecha en el corazón y la izquierda en la barriga. Sentí miedo porque a muchos les costaría superarlo, porque me iría con muchas cosas pendientes y por no despedirme de las que personas que más quiero.
Pero también sentí la alegría de haber sido sincero y poco reservado (cosa que me sorprende porque los 21 años del siglo XX que he vivido he sido bastante tímido y acomplejado), y por tanto, sé que las personas a las que quiero se lo he dicho y las que quiero menos o nada pero no odio, porque no odio a nadie salvo a una persona que hay en Constantina, también lo saben, porque estoy muy contento de ser quien soy y de compartir mi vida con quien la comparto. Además de que para mi asombro, he sido ejemplo de superación para algunas personas.

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