29 oct. 2013

La hora del baño

Tengo el privilegio de compartir contigo la mejor hora del día, la de bañarte, aunque haya que pasar por ese agobio de que el agua traspase tus largas pestañas y pegues un respingo.

Lo primero es convencerte, para lo que existen dos palabras mágicas: ayúdame y musicona. Entonces, es cuando me das una manita, le decimos adiós a los espejos del pasillo y entramos en el cuarto de baño. Comprobamos que tu toalla no está y la llamamos ¡toallaaaaaaa toallaaaaaa vennnnnnn¡ como no viene sola, la buscamos en tu cuarto de juegos y normalmente allí está esperándonos. Entre los dos la llevamos y la colocamos cerca de la bañera. Al principio, todo esto lo hacías agarrándote a la pared pero ya eso lo hemos superado. Lo bien que andas ya, con tu más de añito y medio y esa sonrisa tan bonita que siempre me hace sentir feliz.

Al principio, mientras mamá llenaba la bañerita, nos sentábamos para quitarte la ropita y aplaudir cada paso que conseguimos hasta desnudarte. Ahora, nada más llegar al cuarto de baño, mueves con mucho arte el bracito izquierdo para que ponga musicona. ¿Cómo bailamos? con el codo hacia adelante y hacia atrás. Incluimos variantes espontáneas, unas veces empiezas tú y otras yo. Colocas la alfombrilla para los pies, mientras busco en el móvil nuestra musicona preferida, "Yo te quiero dar" de La mosca. Te quedas ahí, pegaito a la bañera y yo en la puerta. bailamos por el estrecho y alargado pasillo entre entre las paredes. Movemos los codos o unimos las manos por detrás y nos cruzamos partíos de risa hasta que te pregunto llenamos la bañerita y mueves tu cabecita y dices sí. Cojo la alchofa, te digo una, dos y... (a la vez decimos) tres. Entonces, llenamos la bañerita. Sale friiiiia y la tocamos varias veces hasta que ya empieza a salir templada, la sueltas y observas a tu alrededor para decidir con qué quieres jugar. Hay arañas de colores, minifiambreras, tortuguitas y un pez globo que echa agua. Todo dentro y agua lista. Cambiamos la música, siempre la pongo en modo repetición y llegamos a cansarnos de lo mismo. Te gusta ver la cara de Beyonce pero cuando canta ya quieres pasar a "Si yo fuera rico" y mueves tus coditos. Nuestro ritual hace que nos dispongamos como si fuéramos a tener el duelo más dulce y dices allí. Cada uno a un lado del cuarto. Bailamos hasta cansarnos y te pregunto nos quitamos la ropa y si dices sí lo hacemos. Tiras de la punta de los calcetines y yo te ayudo desde el otro lado. Cuando lo conseguimos, aplaudimos y nos comemos a besos. Te quitamos el body, pantalones y camiseta. Me miras y esperas que hagamos lo mismo conmigo, y eso pasa. Ya desnudos, ¿nos bañamos? Si dices sí, te cojo y te coloco en la bañerita despacito. si dices no, tenemos nueva sesión de musicona hasta que ya quieres.

Una vez dentro, sentadito, juegas mientras te voy echando agüita. Llevas un tiempo en el que te gusta poner el tapón de la bañera donde tenemos la bañerita. La fiambrera me viene de lujo para mojarte los pelos. ¿Me ayudas? entonces pones las manitas para que les ponga jabón y entre los dos... la cabecita, los sobaquillos, el pechito, las manitas, la espaldita y los piececillos. Sumerges el pez globo para llenarlo de agua pero aún no tienes la fuerza para que le entre agua por el agujerito, así que luego lo hago yo. Sabes que te voy a dar con el chorro de agua y te ríes. ¿Más? y si dices sí, lo vuelvo a llenar pero si tu respuesta es no, pasamos a otro juego, el complicado.
 Juegas con las arañas o las tortuguitas de plástico y aprovecho para quitarte el jabón del pelo con la fiambrerita y con una mano. La otra, siempre que estés en el agua, te sujeta para que no resbales. Cuando es irremediable que el agua llegue a tu carita, pegas un respingo, te pones de pie y señalas la toalla. ¿Te quieres salir? si dices sí, te como a besos y te lío en la toalla. Si dices no, te como a besos y te sientas. Entonces nos echamos agua. Te lo pregunto hasta que quieres. Una vez fuera de la bañera, te seco los pelitos, nos miramos en el espejo, lo saludamos y para estar más tranquilo me dices sentá. Te seco el resto del cuerpo, bailamos y te cojo en brazos, pongo la toalla arropando tu cuerpo y nos vamos a la cama.

Te suelto y te pones de pie para jugar. Al principio, cuando no sabías andar, jugábamos al toro loco. Te sentabas en la almohada y yo te movía hasta que te caías para los lados. Así unas cuantas veces, hasta que pasábamos a la batalla del pañal. Te tenía que perseguir por la cama un rato hasta qie dejabas de huir. Te tumbaba bocabajo, cogía el pañal y tenía que hacerte cosquillitas con la cabeza en la barriguita poder ponerte el pañal sin mirar lo que hacía. Todo un reto. Luego, la pelea con los fabricantes de bodies. Cómo lo hacen tan difícil. Una prenda tan chica y cada uno hace de la colocación de los broches un jeroglífico. Menos mal que mamá me enseñó un truco: abrochar de arriba hacia abajo. A veces, me queda alguno suelto y tengo que acudir a ella para que quede bien. Cuando empezaste a dar tus primeros pasitos agarrándote a las paredes o lo que pillaras, me sorprendiste queriendo jugar al escondiste con el store de la ventana, sin yo antes haberte enseñado ese juego. Te ponías agarrado al marco de la ventana, escondido por el store y yo aparecía a ambos lados hasta que me agachaba y cogía las piernecillas. Te ponías nervioso, reías y nos abrazábamos. Así hasta que quedabas sentado en la cama para que te vistiera. Ahora, me ayudas a ponerte el pañal y te tumbas bocabajo para que te pueda abrochar el pijamita. Te contaré un secreto. A veces, señalas la foto de tu abuela y dices sí. Ya te contaré más sobre ella. Una vez vestido, dices mamaaaaaa, me pongo algo de ropa y nos vamos de la mano.


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