5 mar. 2010

El juego del ascensor

El ascensor, ese pequeño habitáculo en el que suceden hechos misteriosos. ¿Se han parado a pensar en lo complicado que somos cuando entramos en él? ¿por qué es más fácil ocupar el espacio cuando hay cuatro personas en vez de tres?

Si estamos dos personas, esperando a que llegue el gran momento de ubicarse, todo es sencillo, con un simple “pase usted primero” o directamente esperar a que pase el otro, como si fueramos un guardaespaldas es bastante, pues cada uno se pone en un lado y punto, previo paso por los botones. Uy, los botones, qué tendrán que nos emboban ya sean antiguos, modernos, quemados, relucientes... da igual, cuando se cierra la puerta, los dos a mirarlo.

Si estamos cuatro, también es sencilla la operación. “Vayan pasando al fondo” parece que dice una voz en off, y uno a uno, nos colocamos (como si estuvieramos en el hundimiento del Titanic) primero niños y mujeres, y luego lo sobrante, como un engranaje: el primero al fondo a la izquierda, el segundo a su derecha, cuando llega el tercero se rota y el primero da un paso al frente y el segundo lo hace lateralmente, ocupando su anterior sitio el nuevo ocupante. El último lo tiene sencillo, solo tiene un hueco. Pero todos estamos tan centrados en no quedarnos fuera que se nos olvida tocar el botón. Puede que el último, que lo tiene al lado, le de al suyo y listo, o puede que pregunte a los demás, o cada uno lo intente a su manera, librándose una batalla absurda por ser el primero el tocar. Como cuando éramos pequeños y jugábamos al esconder entre amigos, o al Un, dos, tres, pollito inglés. Todos apretados y sin hablar, nofuera a quedarse el ascensor parado y necesitemos oxígeno.

Si estamos tres, la cosa se pone chunga. Cuando se ve que va a llegar a abrirse el ascensor, hay que tomar posición para no ser el segundo, que tiene la decisión más importante. El primero, va al fondo y ladea según vea venir al segundo, que durante unos segundos no decide si derecha o izquierda, adelante o atrás. Yo, cuando soy el segundo, lo que hago es colocarme frente a los hipnotizadores botones para disfrutar de lo divertido de ver cambiar los números u oir el ruidito de cada vez que sube un piso. El tercero, se coloca al lado del primero, haya el hueco que haya.

Si voy solo, la libertad, extraña libertad. ¿miro al espejo, a los botones, reviso la puerta, busco las llaves de la casa o cojo el móvil? Difícil decisión. Yo hago eso por este orden y me quedo en el centro para disfrutar de la soledad en mis pocos segundos de gloria.

3 comentarios:

Marina dijo...

Si, es curisoso ese hueco relleno de ojos mirando al cielo que no ven y al suelo que se mueve, aunque hoy casi todos miran el movil y algunos de reojillo lo que les gusta, ja. cuantas veces se mastica una energia histerica con los cuerpo inmoviles, mientras en la tripa esa sensacion de no llegar nunca,.
Sabes que tienes un don para escribir lo cotidiano y hacerlo muy ameno.
Pero me gustaría ver un día ess otro don de diseccionar un poema, un saludo Pepe, ¿Salió el sol por ahí ya?,

pepe dijo...

... y con qué poema estrené diseccionar un poema según las vocales! Ese se perdió ya, verdad?

el sol creo que está tan aburrido como nosotros, y es que te voy oy a contar un secreto: alguien arriba e ha vuelto loco y no hace más que cambiar los paneles de lluvia, sol, viento, nieve. A ver si hay otro que le cante las cuarenta y consiga que deje de jugar con los panelitos.

saludos, amiga de letras

Marina dijo...

Tendré que subir allá arriba y darle un tirón de orejas a alguien o algo, ¡ya está bien!!!.

Bueno Pepe, no se perdió, lo buscaré y lo pondré, pero tendrás que hacer tu trabajo, ¿si?. Fué producto de la primavera, y está (si deja de llover) será mucho mas florida, Jaja sin duda. Buenos días. Pasa un buen fin de semana.