Las religiones suelen aparecer en momentos como este de crisis social y estoy pensando en crear una nueva aprovechando el momento. Ya que el mercado de las religiones que parten del dolor humano está completo, la mía va a partir de la felicidad de vivir y la alegría de los pequeños momentos.
Lo primero, aunque no entiendo la importancia que pueda tener, es explicar el principio del mundo, pero como en el fondo lo explican de la misma manera tanto ciencia como religión, pues me la salto. En esta religión el dios creador y protector es una persona cercana, que no hace milagros en plan aplausos sino que cuida los pequeños detalles, da consejos y a veces hierra, así no hay intermediarios que desvíen la atención hacia lo importante: El camino a seguir hacia la felicidad. Para mí, la felicidad es quizá un metro cuadrado de tierra sin nada que lo pise y cuando lleguemos a él, debe ser nuestra alma la que se sienta plena. Cuando se llega a ella, en el horizonte se dibujará una nueva montaña, quizá con otra inclinación, otra vegetación y otra compañía.
Mandamientos mejores que la Carta de los Derechos Humanos no encuentro, así que esa será el contenido del libro sagrado, las prohibiciones, derechos y deberes de todo el que quiera formar parte de esta nueva idea.
Si reflexionar sobre el principio del mundo no tiene cabida en esta nueva religión, tampoco la tiene el paso posterior a la muerte. Las religiones se autoproclaman Verdaderas y eso crea disputas entre ellas e incluso, extrañamente aceptado está que dentro de ellas.
Esta nueva religión está abierta, depende de la experiencia de cada uno y solo exige la igualdad entre seres vivos. Es tan grande la variedad de religiones que lo mejor es picotear y quedarse con lo que nos venga mejor de cada uno.
Por último, un nombre que la haga reconocible fácilmente: Presentismo.
7 jul 2011
4 jul 2011
Gloria urbana
Cruzar la carretera en ocasiones es un acto de valentía, el paso entre el Hombre y el Semidios, la gloria en segundos si se consigue alcanzar la acera antes que los colegas, si pasas sin esperar semáforo y los demás si lo hacen. Sienta muy bien hacerlo, los músculos aumentan su volumen y la sonrisa se adueña del rostro. Solo tiene un problema asociado, pero merece la pena. Las alabanzas desde el cielo que se escuchan y los aplausos del ego, se pueden ver interrumpidos por el avance de la tropa de la tontería que con su música de tambores nos hace ver que aunque pienses que te van a poner la medalla al mérito aventurero, todo queda en eso. Hay que quedarse quieto en la acera hasta que los demás, pobres inteligentes, crucen la carretera.
En fin, que los golpes de felicidad de la vida duran poco y hay que vivirlos como si fueran eternos.
En fin, que los golpes de felicidad de la vida duran poco y hay que vivirlos como si fueran eternos.
17 jun 2011
Una hora conmigo
Como dice la canción… una de cal y otra de arena. En una hora me han pasado cosas raras si no fuera porque soy el sujeto activo. Controlando el tiempo.. son las 13.15 y tengo que ir a comprar un regalo a carmen, recoger la mesa y comprar azúcar. Aquí empieza el show de pepe. Salgo del piso, llamo al ascensor, tarda muy poco y viene con una mujer. Ella se queda impresionada al verme, lógico, se esperaba llegar al descansillo de la puerta de salida del bloque y se encuentra con la planta tercera. Ante eso, ella empieza una conversación:
- creí que era el cero
- eso me pasa mucho, vas pensando en tus cosas y no te das cuentas
- es que no estamos en lo que estamos
- es el objetivo de todos. Ser presente,
- tenemos mundos paralelos
- el problema es cuando se pasa mucho tiempo en el otro mundo
- jejeej hasta luego
- hasta luego
Mucha profundidad para los pocos segundos que pasamos dentro del ascensor. Luego, bajo al garage, arranco mi flecha plateada y al salir, me la encuentro en el coche de delante, vamos a aparcar en el supermercado más cercano, entro a por el azúcar y en la puerta caigo en que no llevo dinero para el regalo. ¡Estoy tonto! Salir sin dinero suficiente son cosas típicas mías. Al menos para el azúcar sí tenía.
No queda la cosa en esto. Para una vez que le pido un favor a una de mis hermanas, voy y me cargo el tirador de la mesa plegable que fui a recoger al sacarlo del coche. Ya le he mandado un sms para que sepa que fue al subirlo a casa.
Hay días raros, raros, raros… y horas para desaparecer, como las trece por ejemplo.
- creí que era el cero
- eso me pasa mucho, vas pensando en tus cosas y no te das cuentas
- es que no estamos en lo que estamos
- es el objetivo de todos. Ser presente,
- tenemos mundos paralelos
- el problema es cuando se pasa mucho tiempo en el otro mundo
- jejeej hasta luego
- hasta luego
Mucha profundidad para los pocos segundos que pasamos dentro del ascensor. Luego, bajo al garage, arranco mi flecha plateada y al salir, me la encuentro en el coche de delante, vamos a aparcar en el supermercado más cercano, entro a por el azúcar y en la puerta caigo en que no llevo dinero para el regalo. ¡Estoy tonto! Salir sin dinero suficiente son cosas típicas mías. Al menos para el azúcar sí tenía.
No queda la cosa en esto. Para una vez que le pido un favor a una de mis hermanas, voy y me cargo el tirador de la mesa plegable que fui a recoger al sacarlo del coche. Ya le he mandado un sms para que sepa que fue al subirlo a casa.
Hay días raros, raros, raros… y horas para desaparecer, como las trece por ejemplo.
16 jun 2011
Recomendaciones para una mejor circulacion
Creo que la Dirección general de Tráfico debería de poner un nuevo símbolo en los semáforos para una mejor circulación, porque esto es como una atracción de coches de choque y es que en esta situación no podemos seguir conduciendo tranquilamente con vehículos de supermercado que sirven para recoger chatarra.
Esos señores, con sus carritos, pasando calor, que los pobrecitos míos se tienen que quitar casi toda la ropa porque no hay manera, merecen un hueco en este entramado de tráfico. Otra cuestión es cómo hacerles ver que tienen que respetarlo porque no sé si saben hablar español. En cualquier caso, necesitan su hueco y así no van cruzando carreteras sin mirar, subiendo a la acera y perdiéndose ese vaivén tan hipnótico de las luces de semáforo. Bueno, también está la opción de que les pongan un carril carrito para sus viajes de sol a sol, pero la voy descartando por aquello de la crisis y el espacio urbano. Sus vehículos son una evolución del burro dorado, pero sin dolor para el animal, que ya es un avance. Además, los carritos son tipo ikea: ocupan poco espacio y pueden amontonar el doble de su capacidad a simple vista. Me parece útil su uso y sus conductores se sienten en su ambiente, pues son una mezcla entre prehistóricos y actuales, y por ello reivindico su espacio. Me parece un oficio que hay que cuidar y esta recomendación que hago a la DGT puede ser un principio.
Y ya aprovechando, aprovechando, recordarle a los señores motoristas que las líneas discontinuas separadas por unos cuatro metros, no son carriles de autopista sino separadores, que van a ir más cómodos si van entre ellos, de verdad. Así también nos evitamos que protesten si no se les deja paso.
Esos señores, con sus carritos, pasando calor, que los pobrecitos míos se tienen que quitar casi toda la ropa porque no hay manera, merecen un hueco en este entramado de tráfico. Otra cuestión es cómo hacerles ver que tienen que respetarlo porque no sé si saben hablar español. En cualquier caso, necesitan su hueco y así no van cruzando carreteras sin mirar, subiendo a la acera y perdiéndose ese vaivén tan hipnótico de las luces de semáforo. Bueno, también está la opción de que les pongan un carril carrito para sus viajes de sol a sol, pero la voy descartando por aquello de la crisis y el espacio urbano. Sus vehículos son una evolución del burro dorado, pero sin dolor para el animal, que ya es un avance. Además, los carritos son tipo ikea: ocupan poco espacio y pueden amontonar el doble de su capacidad a simple vista. Me parece útil su uso y sus conductores se sienten en su ambiente, pues son una mezcla entre prehistóricos y actuales, y por ello reivindico su espacio. Me parece un oficio que hay que cuidar y esta recomendación que hago a la DGT puede ser un principio.
Y ya aprovechando, aprovechando, recordarle a los señores motoristas que las líneas discontinuas separadas por unos cuatro metros, no son carriles de autopista sino separadores, que van a ir más cómodos si van entre ellos, de verdad. Así también nos evitamos que protesten si no se les deja paso.
5 may 2011
Te vienes a recoger a mi sobrino? Segunda parte
Pensé que volvería a perder a alguien y pasé miedo al principio, pero al final todo salió bien. Javi, mi sobrino, le dijo a su madre: mamá, un amigo del cole dice canciones del Betis y yo quiero del Sevilla, ¿me puedes enseñar?
Cuando me dijo esto mi hermana me asuste unos segundos, los que pasaron entre el retumbar de Betis y quiero del Sevilla. Ella le dijo: eso tito Pepe. Así me puse manos a la obra, dejamos las canciones infantiles porque ya era un hombre de cuatro años.
Fue poco a poco, de menos a más, hasta llegar al presente feliz. Primero, en el camino de recogerlo hasta el coche le preguntaba cómo le había ido y su sempiterna pregunta: ¿Puedo ir a tu casa? Una vez pasado el trago de abrocharle el cinturón, ya casi lo hace solo, ponerme el mío y arrancar, puse la radio dispuesto a seguir con lo de siempre, pero él al escuchar la primera me corta: Quiero canciones del Sevilla, tito pepe. Entonces empezamos por una cortita “vamos mi Sevilla, vamos campeón, ló lololó lololololoo”. No es capricho mío incluir la parte sin letra entendible, sino que fue lo que más le costó. Me decía: ¿lo he hecho bien? Siempre le fallaba la segunda parte y yo le corregí tantas veces que él solo se lo decía todo.
Llegó por fin, el esperado día en el que lo hizo todo bien. Tiene mucho mérito porque no había CD, solo yo como hincha. Entonces pasamos al plato fuerte: El himno del Centenario. Solo había pasado una semana y ya íbamos a lo importante, lo que cantaría a los demás para orgullo de los dos. Le voy enseñando por partes pequeñas y nos va muy bien. Me emboba cuando dice “sevillista seré hasta la muerte, la Giralda presume orgullosa de ver al Sevilla en el Chanche Pijuan (Sánchez Pizjuan)”.
Otro cambio de antes a ahora es que nada más vernos en la puerta del cole, ya no pregunta si puede ir a mi casa sino que cantamos directamente delante de la gente, poca o mucha, hasta abrir con la llave la puerta de la casa de mi hermana Myriam. Cuando me toca despedirme, hace preguntas y me enseña cosas para que no me vaya.
En fin, que cuando sea mayor y sus amigos se pongan con canciones infantiles, él propondrá: Vamos mi Sevilla, vamos campeón...
Cuando me dijo esto mi hermana me asuste unos segundos, los que pasaron entre el retumbar de Betis y quiero del Sevilla. Ella le dijo: eso tito Pepe. Así me puse manos a la obra, dejamos las canciones infantiles porque ya era un hombre de cuatro años.
Fue poco a poco, de menos a más, hasta llegar al presente feliz. Primero, en el camino de recogerlo hasta el coche le preguntaba cómo le había ido y su sempiterna pregunta: ¿Puedo ir a tu casa? Una vez pasado el trago de abrocharle el cinturón, ya casi lo hace solo, ponerme el mío y arrancar, puse la radio dispuesto a seguir con lo de siempre, pero él al escuchar la primera me corta: Quiero canciones del Sevilla, tito pepe. Entonces empezamos por una cortita “vamos mi Sevilla, vamos campeón, ló lololó lololololoo”. No es capricho mío incluir la parte sin letra entendible, sino que fue lo que más le costó. Me decía: ¿lo he hecho bien? Siempre le fallaba la segunda parte y yo le corregí tantas veces que él solo se lo decía todo.
Llegó por fin, el esperado día en el que lo hizo todo bien. Tiene mucho mérito porque no había CD, solo yo como hincha. Entonces pasamos al plato fuerte: El himno del Centenario. Solo había pasado una semana y ya íbamos a lo importante, lo que cantaría a los demás para orgullo de los dos. Le voy enseñando por partes pequeñas y nos va muy bien. Me emboba cuando dice “sevillista seré hasta la muerte, la Giralda presume orgullosa de ver al Sevilla en el Chanche Pijuan (Sánchez Pizjuan)”.
Otro cambio de antes a ahora es que nada más vernos en la puerta del cole, ya no pregunta si puede ir a mi casa sino que cantamos directamente delante de la gente, poca o mucha, hasta abrir con la llave la puerta de la casa de mi hermana Myriam. Cuando me toca despedirme, hace preguntas y me enseña cosas para que no me vaya.
En fin, que cuando sea mayor y sus amigos se pongan con canciones infantiles, él propondrá: Vamos mi Sevilla, vamos campeón...
20 abr 2011
Carta a una desconocida
Querida desconocida,
sé que no esperas que te escriba ni que aún me acuerde ti, sin embargo, llevo mucho tiempo queríendote decir algo. No quiero pedirte nada nuevo, solo vengo a por mi parte. Aquel día en que el hombre calvo repartío la suerte, tú levantaste las dos manos y yo me quedé hablando con un amigo y se me pasó levantar una, que es lo que se nos pidió.
Estábamos en un salón de actos enorme y te sentaste a mi lado, no hablamos pero sentí mucha energía positiva. Lo que yo no esperaba es que ese flujo supusiera que mi porción de suerte te la daría. Me podrías haber avisado de lo de levantar la mano. ¿te suena a chino necesitar un ordenador y que ninguno funcione? ¿que si hay un cincuenta por ciento de que algo me salga bien, salga mal? ¿que la tostada siempre caiga del lado de la mantequilla pegada al suelo? ¿que si llegas cinco minutos tarde no te reciban? ¿que siempre a la cajera del supermercado que me vaya a atender se le estropee o la de antes de mí se pegue una hora para pagar? Estas cosas y otras no habría sucedido si no hubieras sido egoísta.
Querida desconocida, quiero mi parte de suerte. Un beso
sé que no esperas que te escriba ni que aún me acuerde ti, sin embargo, llevo mucho tiempo queríendote decir algo. No quiero pedirte nada nuevo, solo vengo a por mi parte. Aquel día en que el hombre calvo repartío la suerte, tú levantaste las dos manos y yo me quedé hablando con un amigo y se me pasó levantar una, que es lo que se nos pidió.
Estábamos en un salón de actos enorme y te sentaste a mi lado, no hablamos pero sentí mucha energía positiva. Lo que yo no esperaba es que ese flujo supusiera que mi porción de suerte te la daría. Me podrías haber avisado de lo de levantar la mano. ¿te suena a chino necesitar un ordenador y que ninguno funcione? ¿que si hay un cincuenta por ciento de que algo me salga bien, salga mal? ¿que la tostada siempre caiga del lado de la mantequilla pegada al suelo? ¿que si llegas cinco minutos tarde no te reciban? ¿que siempre a la cajera del supermercado que me vaya a atender se le estropee o la de antes de mí se pegue una hora para pagar? Estas cosas y otras no habría sucedido si no hubieras sido egoísta.
Querida desconocida, quiero mi parte de suerte. Un beso
10 abr 2011
No comparemos
Es harto difícil de conseguir, e incluso diría que utópico y hasta quimérico en términos absolutos, aunque sería tan lindo llegar a eso que merece la pena seguir el camino.
Quiero erradicar la comparación entre personas, que no haya mejor que ni igual que, ni menos que. cada uno que aporte lo que tiene, lo que es, al mundo. Sería un buen camino hacia la paz y el buen ambiente. Tenemos los handicaps del capitalismo basado en la comparación y el peso de la cultura que nos viene de lejos, pero el corazón debe de ocpuar más sitio en nuestras palabras y acciones. No quiero un "si tú me das, yo te doy". Yo doy sin pensar que el otro me vaya dar, pues eso a la larga se consigue sin tener que entrar en un mercadeo. Para mí es llamarse a uno mismo mercancia.
Una vida de valores vale más que una vida de negocios.
Quiero erradicar la comparación entre personas, que no haya mejor que ni igual que, ni menos que. cada uno que aporte lo que tiene, lo que es, al mundo. Sería un buen camino hacia la paz y el buen ambiente. Tenemos los handicaps del capitalismo basado en la comparación y el peso de la cultura que nos viene de lejos, pero el corazón debe de ocpuar más sitio en nuestras palabras y acciones. No quiero un "si tú me das, yo te doy". Yo doy sin pensar que el otro me vaya dar, pues eso a la larga se consigue sin tener que entrar en un mercadeo. Para mí es llamarse a uno mismo mercancia.
Una vida de valores vale más que una vida de negocios.
21 mar 2011
Sonrisoterapia
La sonrisa. Ya lo dicen sus vocales. La primera vocal es la O que supone que es algo que sale de dentro, sale al exterior y vuelve al nido. Luego viene la I, la vocal de la ilusión y compartir y eso en su máxima expresión esta palabra. Por último está la A,que lanza energía positiva con toda la boca abierta. La sonrisa es un bien único de los Hombres y de su aprovechamiento depende, cosas de la vida, la imagen que transmitimos y lo más importante, el buen rollo que crea en el ambiente.
Sonreír es sencillo y no te preocupes si te sale algo forzado pues las consecuencias son positivas de igual modo. Ver a alguien que se comunica a través de esta acción nos da paz, relatividad y positividad tanto al emisor como al receptor. Debe durar pocos segundos para que no pase a llamarse “estar en su mundo” y cree un halo de desconcierto, “¿qué estará pensando? ¿le estaré aburriendo?”. Los pequeños detalles ganan grandes partidos, dice una frase célebre.
Cuidar la comunicación no verbal es muy importante para el presente, lo único que tenemos. Sonríe y todo irá mejor.
Sonreír es sencillo y no te preocupes si te sale algo forzado pues las consecuencias son positivas de igual modo. Ver a alguien que se comunica a través de esta acción nos da paz, relatividad y positividad tanto al emisor como al receptor. Debe durar pocos segundos para que no pase a llamarse “estar en su mundo” y cree un halo de desconcierto, “¿qué estará pensando? ¿le estaré aburriendo?”. Los pequeños detalles ganan grandes partidos, dice una frase célebre.
Cuidar la comunicación no verbal es muy importante para el presente, lo único que tenemos. Sonríe y todo irá mejor.
2 mar 2011
Maltrato psicológico
Sobre mis hombros cuelgo la mochila naranja
Y mi espalda recta va.
Dentro llevo un puñaito de sal
Uniforme gris, pesados libros, y una balada.
Ella sueña con ir descalza por ríos de plata,
Por caminos de piedra la llevo Yo
Mientras cierro su boca. Nuestro amor no
Sabe de mentiras sino de historias saladas.
Ya la quisieran Cyranos para sus espaldas
Ya quisieran los poemas llevar su piel.
La ensucio, golpeo, quemo su ser...
Yo vivo mi sueño, ella su drama.
Y mi espalda recta va.
Dentro llevo un puñaito de sal
Uniforme gris, pesados libros, y una balada.
Ella sueña con ir descalza por ríos de plata,
Por caminos de piedra la llevo Yo
Mientras cierro su boca. Nuestro amor no
Sabe de mentiras sino de historias saladas.
Ya la quisieran Cyranos para sus espaldas
Ya quisieran los poemas llevar su piel.
La ensucio, golpeo, quemo su ser...
Yo vivo mi sueño, ella su drama.
26 feb 2011
La magia de las notas
Uy, las notas ya están en el tablón. ¿Cómo me habrá ido? ¿Habré suspendido las ocho asignaturas? Ese minuto de camino entre la clase y la consecuencia de mis respuestas en los exámenes era una mezcla de sensaciones, como si me introdujeran en una lavadora y la cabeza vadeara entre sueños y pesadillas.
Entre el barullo de gente llegaba a ver mi nombre y las calificaciones. Increíble! Todo aprobado, felicidad plena. Plena y fugaz, pues siempre me equivocaba de nombre y veía las del que iba delante o detrás de mí. Nunca fueron las líneas rectas lo mío.
-Juan Manuel López Sánchez
-Alejandro López Naranjo
-Alejandro Martín Martín
-María López Candilejos
Ellos eran de sobresaliente y yo de suspensos. Eso de estudiar lo mismo que los demás lo veía un aburrimiento y claro, José Joaquín López Saldaña: Suspenso, Suspenso, Suspenso, Suspenso. Así año sí, año no, durante 6 cursos.
Es cierto que yo no estudiaba y rellenaba las preguntas sin mucho conocimiento, pero siempre confiaba en la magia y esos segundos en los que disfrutaba de aprobar todo no hay quien me los quitara.
Por suerte, en la Universidad algo cambió y aunque seguía equivocándome, sí que aprobaba. Ahí sí que estudiaba, poco tiempo antes de los exámenes y atendiendo en clase desde la primera o segunda fila. Me encantaba eso de estudiar con Juanlu por la noche, era genial ya estuviéramos solos, con su compañera de piso o con Carmen y Rocío. Y esa misma mañana de camino repasando en el coche y esas canciones de la radio que ya nos sabíamos. También podía darse que recogiéramos a Cecilla y nos pusiera música maquinera a nosotros, fans de los cuarenta principales y sus canciones pop.
Ya en la cafetería de la Universidad, en Ceade, nos juntábamos con Anabel y Nacho, y los compañeros que estuvieran por ahí. Entre los nervios de Anabel, siempre atacaita, y las ocurrencias de los demás, repasábamos, estudiábamos en común y nos reíamos.
Lo mejor de esa etapa fue eso, preparar exámenes. ¿Quién me lo iba a decir? De pasota a aplicado.
Entre el barullo de gente llegaba a ver mi nombre y las calificaciones. Increíble! Todo aprobado, felicidad plena. Plena y fugaz, pues siempre me equivocaba de nombre y veía las del que iba delante o detrás de mí. Nunca fueron las líneas rectas lo mío.
-Juan Manuel López Sánchez
-Alejandro López Naranjo
-Alejandro Martín Martín
-María López Candilejos
Ellos eran de sobresaliente y yo de suspensos. Eso de estudiar lo mismo que los demás lo veía un aburrimiento y claro, José Joaquín López Saldaña: Suspenso, Suspenso, Suspenso, Suspenso. Así año sí, año no, durante 6 cursos.
Es cierto que yo no estudiaba y rellenaba las preguntas sin mucho conocimiento, pero siempre confiaba en la magia y esos segundos en los que disfrutaba de aprobar todo no hay quien me los quitara.
Por suerte, en la Universidad algo cambió y aunque seguía equivocándome, sí que aprobaba. Ahí sí que estudiaba, poco tiempo antes de los exámenes y atendiendo en clase desde la primera o segunda fila. Me encantaba eso de estudiar con Juanlu por la noche, era genial ya estuviéramos solos, con su compañera de piso o con Carmen y Rocío. Y esa misma mañana de camino repasando en el coche y esas canciones de la radio que ya nos sabíamos. También podía darse que recogiéramos a Cecilla y nos pusiera música maquinera a nosotros, fans de los cuarenta principales y sus canciones pop.
Ya en la cafetería de la Universidad, en Ceade, nos juntábamos con Anabel y Nacho, y los compañeros que estuvieran por ahí. Entre los nervios de Anabel, siempre atacaita, y las ocurrencias de los demás, repasábamos, estudiábamos en común y nos reíamos.
Lo mejor de esa etapa fue eso, preparar exámenes. ¿Quién me lo iba a decir? De pasota a aplicado.
24 feb 2011
El sexto sentido
La mujer tiene un sexto sentido que solo lo saca a relucir en situaciones de alarma y ya es hora de que se aproveche al máximo esa virtud. De forma natural, proyectando la energía hacia el cielo. El sentido de la anticipación, es decir, lo que se conoce como la intuición femenina, debe ayudar al progreso del Universo.
Estamos en una red social caótica en la que reina sobremanera el egoísmo, ¡nos escondemos debajo de la cama para no soñar! Necesitamos un golpe de efecto para cambiar el orden. El orden, el nuevo orden, tiene que venir de este enriquecimiento global por parte de la mujer. La unión entre mujeres en vez de la competencia es la que hará que la profecía del año 2012 se cumpla en positivo.
Ánimo mujeres!
Estamos en una red social caótica en la que reina sobremanera el egoísmo, ¡nos escondemos debajo de la cama para no soñar! Necesitamos un golpe de efecto para cambiar el orden. El orden, el nuevo orden, tiene que venir de este enriquecimiento global por parte de la mujer. La unión entre mujeres en vez de la competencia es la que hará que la profecía del año 2012 se cumpla en positivo.
Ánimo mujeres!
9 feb 2011
Te vienes a recoger a mi sobrino?
Da igual que la mañana vaya lenta o rápida, que no pare de moverme o me ancle en la silla. Da igual porque siempre que se acerca la hora de recoger a mi sobrino Javi, el reloj acelera como una cuenta atrás que arrasa mis nervios hasta arrancar el coche de mi hermana.
Tardo poco desde el garaje de mi hermana hasta la puerta para recoger y llevar en brazos a Javi, que tiene cuatro años. Una vez que encuentro un hueco para aparcar en el descampao que está cerca, ya me relajo y los minutos también, demasiado a mi gusto.
Una jauría de mujeres acechan la puerta y cruzan las típicas palabras entre madres de compañeros de clase:
- No pude llevar a Carlos al cumple de Juan porque le entró fiebre
- Estaba sola y no me atreví a dejar al niño con mi suegra
- Que lindo y que grande está tu hijo. Hay que ver como crece. A ver si llevo un día al mío para que jueguen
- ¿Ves a Luis? Es que entre tanto niño no lo veo ¿Lo habrá recogido el padre?
- Uy, que prisa tengo, déjame paso
El colegio está defendido por una muralla color ocre que abarca toda una manzana que no deja ver nada hasta el primer de los cuatros pisos en los que se alza el colegio católico. Entre el edificio y la muralla hay un pasillo en el que los niños corretean en libertad vigilada, esa libertad de la que se goza en la infancia. Entre el barullo de chiquillos, sobresalen los rizos y la sonrisa pillina de Javi, que al verme fija la mirada e intenta escapar hacia mí, aunque los cuidadores hasta que no me reconocen no le dejan salir, no vaya a ser que pase de libertad a libertinaje.
Ya por fin puede correr hasta la línea que no me dejan sobrepasar, regatea a las mujeres y lo cojo en brazos para salir más rápido. Ahora viene el clásico de todos los días aunque no por ello aburrido. Con voz autoritaria para convencerme dice: “Quiero ir a tu caaasa”. Siempre lo intenta unas cuantas veces por si cae, y alguna que otra vez lo consigue. Lo normal es que le responda: “Hoy no puede ser, tengo que irme a trabajar”. Entonces nos disponemos a cruzar la carretera y llegar al coche. Lo bajo de mis brazos, le abro la puerta, le quito el chaquetón y se sienta.
Un punto conflictivo, sobre todo al principio, es ponerle el cinturón de seguridad, algo nuevo para mí. Como tiene cuatro años, se le pone una sillita con su propia seguridad. Tiene dos brazos cubiertos de negro para que no dañe y la punta de aluminio, para unirlo con un anclaje. Como teoría es perfecta. Los fabricantes no lo hicieron pensando en mí y me pegué una semana para averiguar el mecanismo. Primero lo intento con asistencia telefónica, pero no hubo manera, luego Carmen lo hace rápidamente pero cuando me toca imitar no soy capaz las primeras veces. Ya por fin consigo entenderlo. El brazo derecho hay que ponerlo al revés, que se vean las letras del fabricante y el izquierdo dejarlo tal y como está. Se unen formando un triángulo y se mete en el anclaje hasta que suena un click. Suponía que durante el proceso sonarían dos, pero en la primera parte no debe sonar nada y yo me empeño en lo contrario. Lo mejor es lo que pasa ahora. Javi sabe ponérselo él solito.
Relajación total al encender el motor del coche y bajar los pestillos. En el camino somos la alegría y sorpresa de la gente. Nuestra música se mezcla con los canis y su ritmo molesto-discotequero. Nosotros, como debe ser, ponemos canciones infantiles con volumen alto. Es un CD con nueve canciones, de las que ponemos repetidamente durante los quince minutos del trayecto, solo tres. La del barquero y la niña bonita (su preferida), una que empieza “Cantando ya viene Lila/bailando ya viene Lila/queremos que vengas Lila porque siempre estás feliz” (mi favorita) y entre las dos con un ritmillo muy bailable “comemos ensalada/como comen los señores/naranjitas y limones”. Mientras el semáforo está en rojo bailo y canto como si fueran las mejores canciones jamás compuestas. Los que nos oyen y luego ven, nos miran maravillados. Somos felices. Javi se parte risa y se anima a imitarme. La última que suena siempre es su preferida, y al apagar la radio, le hago una versión propia de alguna.
Es rutinario recogerlo, pero verle la cara sonriente no tiene precio.
Tardo poco desde el garaje de mi hermana hasta la puerta para recoger y llevar en brazos a Javi, que tiene cuatro años. Una vez que encuentro un hueco para aparcar en el descampao que está cerca, ya me relajo y los minutos también, demasiado a mi gusto.
Una jauría de mujeres acechan la puerta y cruzan las típicas palabras entre madres de compañeros de clase:
- No pude llevar a Carlos al cumple de Juan porque le entró fiebre
- Estaba sola y no me atreví a dejar al niño con mi suegra
- Que lindo y que grande está tu hijo. Hay que ver como crece. A ver si llevo un día al mío para que jueguen
- ¿Ves a Luis? Es que entre tanto niño no lo veo ¿Lo habrá recogido el padre?
- Uy, que prisa tengo, déjame paso
El colegio está defendido por una muralla color ocre que abarca toda una manzana que no deja ver nada hasta el primer de los cuatros pisos en los que se alza el colegio católico. Entre el edificio y la muralla hay un pasillo en el que los niños corretean en libertad vigilada, esa libertad de la que se goza en la infancia. Entre el barullo de chiquillos, sobresalen los rizos y la sonrisa pillina de Javi, que al verme fija la mirada e intenta escapar hacia mí, aunque los cuidadores hasta que no me reconocen no le dejan salir, no vaya a ser que pase de libertad a libertinaje.
Ya por fin puede correr hasta la línea que no me dejan sobrepasar, regatea a las mujeres y lo cojo en brazos para salir más rápido. Ahora viene el clásico de todos los días aunque no por ello aburrido. Con voz autoritaria para convencerme dice: “Quiero ir a tu caaasa”. Siempre lo intenta unas cuantas veces por si cae, y alguna que otra vez lo consigue. Lo normal es que le responda: “Hoy no puede ser, tengo que irme a trabajar”. Entonces nos disponemos a cruzar la carretera y llegar al coche. Lo bajo de mis brazos, le abro la puerta, le quito el chaquetón y se sienta.
Un punto conflictivo, sobre todo al principio, es ponerle el cinturón de seguridad, algo nuevo para mí. Como tiene cuatro años, se le pone una sillita con su propia seguridad. Tiene dos brazos cubiertos de negro para que no dañe y la punta de aluminio, para unirlo con un anclaje. Como teoría es perfecta. Los fabricantes no lo hicieron pensando en mí y me pegué una semana para averiguar el mecanismo. Primero lo intento con asistencia telefónica, pero no hubo manera, luego Carmen lo hace rápidamente pero cuando me toca imitar no soy capaz las primeras veces. Ya por fin consigo entenderlo. El brazo derecho hay que ponerlo al revés, que se vean las letras del fabricante y el izquierdo dejarlo tal y como está. Se unen formando un triángulo y se mete en el anclaje hasta que suena un click. Suponía que durante el proceso sonarían dos, pero en la primera parte no debe sonar nada y yo me empeño en lo contrario. Lo mejor es lo que pasa ahora. Javi sabe ponérselo él solito.
Relajación total al encender el motor del coche y bajar los pestillos. En el camino somos la alegría y sorpresa de la gente. Nuestra música se mezcla con los canis y su ritmo molesto-discotequero. Nosotros, como debe ser, ponemos canciones infantiles con volumen alto. Es un CD con nueve canciones, de las que ponemos repetidamente durante los quince minutos del trayecto, solo tres. La del barquero y la niña bonita (su preferida), una que empieza “Cantando ya viene Lila/bailando ya viene Lila/queremos que vengas Lila porque siempre estás feliz” (mi favorita) y entre las dos con un ritmillo muy bailable “comemos ensalada/como comen los señores/naranjitas y limones”. Mientras el semáforo está en rojo bailo y canto como si fueran las mejores canciones jamás compuestas. Los que nos oyen y luego ven, nos miran maravillados. Somos felices. Javi se parte risa y se anima a imitarme. La última que suena siempre es su preferida, y al apagar la radio, le hago una versión propia de alguna.
Es rutinario recogerlo, pero verle la cara sonriente no tiene precio.
2 feb 2011
La felicidad es un camino
La felicidad no es un fin sino un camino a seguir dispuesto a asumir todo lo que conlleva una aventura de gran calibre. El ejemplo mas claro para mí es el universo del santo grial, ¿quién puede buscarlo? ¿Qué pasa si lo encuentras? ¿Y si no es así? Lo importante es comenzar y andar el camino que te lleve a ella. Viéndola como un fin y disfrutándola como un presente en el que pisarás hierba, arena, te zambullirás en aguas, saltarás piedras, rodearás rocas y siempre tendrás al fondo ese horizonte que, algún día o quizá nunca, se convertirá en camino hacia otro horizonte. Si vives el hoy, no importa que no haya un mañana.Un ejemplo histórico es el de los Cátaros. Cuentan los historiadores que solo los hombres buenos pueden realizar la búsqueda del Santo Grial, pues desde la pureza se puede hallar el camino a seguir.
Nueve caballeros de origen Cátaro reunidos en 1118 en Jerusalén, resuelven formar la Orden del Templo de Salomón, inspirados a su ver por Bernardo de Claraval, también de origen cátaros. Los buenos hombres renacen como el Fénix de sus cenizas, se adaptan a la realidad de la época y deciden combatir el mal desde dentro, y nuevamente las ideas gnósticas de los cataros vuelven a ver la luz como el Ave Fénix resurgiendo de las cenizas.
Mientras disfrutaron de la libertad de combatir el mal con buenas intenciones fueron felices, y eso hacía que aun sabiendo que eran pocos y acabarían quemados, todo merecía la pena, pues custodiaban lo más importante para ellos: El Santo Grial. Este elemento es básico para entender su experiencia y renacimiento. Solo un corazón puro podía hallarse en la búsqueda de la felicidad, es decir, en la búsqueda del Santo Grial. La sangre de Cristo que contenía esta copa era la base mágica sobre la que se asentaba este grupo de hombres. Quizá su fe le convirtiera en (paradojas de la vida) enemigos de la Iglesia por radicales. Mientras los católicos se enzarzaban en batallas y llenaban el mapa de la Edad Media de sangre, ellos eran felices en su camino.
1 feb 2011
Pastillas contra el dolor ajeno
Me molesta. No estoy de acuerdo con la finalidad del anuncio, ¿pedir ayuda a nosotros? Yo, como ciudadano anónimo, no debo ser el objetivo principal de la campaña. Si para mí un euro puede ser poco, para un famoso será menos y, por muy mal que estén, siempre será mejor que nosotros. Diría que lo que significa para mí un euro es para ellos entre 50 y 100 euros.
Está bien que salga gente conocida pero... ¿pedir ayuda a nosotros? Veo mal el enfoque. No digo que no podamos gastar ese dinero y que el fin no sea grande, lo que me revienta es que la campaña debería ser un famoso animando al resto de privilegiados.
18 ene 2011
A vueltas con la ortografía

Adiós al guión establecido, adiós a las artimañas del truhán, ya no huí a ninguna parte, eso sí el camión seguirá llevando su bocina y el avión sus alas. Adiós a la ch y la ll que con esto de la crisis ya no son letras. Ahora el alfabeto son 27 letras.
Señoras y señores, la época de ahorro ha llegado a su domicilio. Hay que borrar tildes de los monosílabos incluidos los todos los pronombres, afilar la q y convertirla en k o hacerla imán como la c para términos extranjeros así que todos a consultar el origen de las palabras antes de escribir. Por fin podré corregir al todopoderoso Word y que se trague ese color rojo subrayado.
Encima, hay que adivinar si lo que leemos es un cero o una o. Rara actualización han hecho los maestros de la Academia.
Pero no se preocupen, como esto es España, escriban como quieran que seguro que se pueden acoger a algo.
5 ene 2011
El poder de la subjetividad
Es el momento de aprovechar al máximo el poder de la subjetividad. Todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene causas y consecuencias y, quizá, cuando nos planteamos un hecho, dejamos al lado este magnífico poder que tenemos los humanos. Parto del convencimiento de que nada es negro o blanco, que no existe el siempre ni el nunca, sino que depende del ánimo con que afrontemos los acontecimientos. ¿Algo más subjetivo que el ánimo?
Parece que nos guste sufrir y elegir la proporción del color negro en vez del blanco. Nosotros mandamos en nuestros pensamientos, los creamos. Muchas veces decimos “me encantaría pero…” y eso no nos hace bien. Hay que arriesgar, de todo se sale antes o después, mejor o peor, y siempre hay un interruptor esperando para ser accionado y vuelva la luz para aquel que creía que se apagaría para siempre. Pensemos más en lo positivo de lo que nos ocurre, aprovechemos la subjetividad. Hay pocos elementos en la vida de cada uno que sean objetivos, la mayoría son subjetivos. Hay mucho campo abierto si hacemos que un haz de luz provenga del enriquecimiento de lo positivo, no ves que lo negativo son solo barreras destruibles con pensamientos positivos.
Se puede avanzar tanto en tantos campos si unimos la subjetividad y el positivismo, que si no lo hacemos es por miedo a ser felices.
20 nov 2010
La sabiduría de los semáforos
Debo de ser indio, porque veo sabiduría en los ciclos de la luna, los paseos del sol por el planeta, los árboles con sus colores, las estaciones del año, la fuerza del viento, el tráfico desde el punto de vista sociológico, las palabras con sus auras y colores, la construcción de carreteras, las relaciones personales, los bolígrafos y las tintas, los ríos que juegan al escondite con la sequía…


Hoy me quiero centrar en algo muy común que me tiene fascinado y eso que paso delante suya todos los días y me sigue maravillando: el semáforo. Es como la vida, tiene tres colores que indican distintas conductas a tomar cuando tenemos un problema que, en principio, es desplazarnos de un lugar a otro. Tenemos el verde, que como esperanza, nos hace seguir adelante con nuestro camino, centrándonos en nuestro destino y alejándonos de los problemas que rondan nuestras cabezas. El amarillo, la luz que según donde nos encontremos, nos hace ralentizar el paso y pensar bien, o seguir como flechas pero con ojos de búho y alas de águila. Y el último, el rojo, la sangre y sus latidos, el color de los sentimientos más primitivos, nos paraliza, nos hace pensar si aventurarnos y jugarnos la vida sabiendo que hacemos mal o nos quedamos quitecitos hasta que vengan tiempos mejores.
Luego está el cambio de colores. Si está en verde pero cerquita de pasarlo se torna rojo, es que algo hemos pasado por alto que hemos hecho mal o alguien nos quiere avisar de que ese no es el camino. Si de verde pasa a amarillo, es que hay que tener mucho valor para continuar por ese camino y que un paso atrás puede ser mejor que uno adelante apresurado. Si del rojo pasa al verde, es que aquello que vemos imposible que llegue está apunto de hacerse posible. Si del rojo pasa al amarillo, hay que sonreir, un buen augurio, una posibilidad que antes pensábamos que era utópica puede que en breve se haga realidad.
El problema es que es la policía la que maneja los semáforos y nosotros los que tenemos que aceptar sus reglas. Paciencia conductores, que todo llega.


Hoy me quiero centrar en algo muy común que me tiene fascinado y eso que paso delante suya todos los días y me sigue maravillando: el semáforo. Es como la vida, tiene tres colores que indican distintas conductas a tomar cuando tenemos un problema que, en principio, es desplazarnos de un lugar a otro. Tenemos el verde, que como esperanza, nos hace seguir adelante con nuestro camino, centrándonos en nuestro destino y alejándonos de los problemas que rondan nuestras cabezas. El amarillo, la luz que según donde nos encontremos, nos hace ralentizar el paso y pensar bien, o seguir como flechas pero con ojos de búho y alas de águila. Y el último, el rojo, la sangre y sus latidos, el color de los sentimientos más primitivos, nos paraliza, nos hace pensar si aventurarnos y jugarnos la vida sabiendo que hacemos mal o nos quedamos quitecitos hasta que vengan tiempos mejores.
Luego está el cambio de colores. Si está en verde pero cerquita de pasarlo se torna rojo, es que algo hemos pasado por alto que hemos hecho mal o alguien nos quiere avisar de que ese no es el camino. Si de verde pasa a amarillo, es que hay que tener mucho valor para continuar por ese camino y que un paso atrás puede ser mejor que uno adelante apresurado. Si del rojo pasa al verde, es que aquello que vemos imposible que llegue está apunto de hacerse posible. Si del rojo pasa al amarillo, hay que sonreir, un buen augurio, una posibilidad que antes pensábamos que era utópica puede que en breve se haga realidad.
El problema es que es la policía la que maneja los semáforos y nosotros los que tenemos que aceptar sus reglas. Paciencia conductores, que todo llega.
27 oct 2010
Nacido el 17 de noviembre
EL DíA DEL PUENTE
Los nacidos el 17 de noviembre son como puentes sobre aguas turbulentas, capaces de establecer lazos entre puntos de vista, personas o intereses opuestos. La vida de los nacidos este día puede compararse a un cruce de caminos donde convergen distintas líneas; a menudo desempeñan un papel de protagonista y sus actos son como cemento que mantiene distintos materiales firmemente unidos. Saben cómo administrar su vida familiar, social y profesional para que el grupo vaya como una seda.
Estos individuos aprenden a conciliar elementos diversos debido a su ascendencia cultural o genética, que a menudo es una mezcla de dos o más cepas diferentes. De este modo, son una prueba viviente de que las culturas, clases o entidades políticas que parecían inevitablemente enfrentadas pueden en realidad acabar uniéndose. Por encima de todo, los nacidos este día detestan las disputas, las desavenencias, las tácticas manipuladoras y toda clase de discriminación. Las mujeres más evolucionadas nacidas este día se empeñan en emanciparse y no cambian su independencia por nada. Si se encuentran relegadas a papeles secundarios o poco enriquecedores, necesitarán reconsiderar su posición y cambiar de actividad. Los hombres nacidos este día tienden a ser dominantes o agresivos en sus opiniones, pero entienden que es importante llegar a acuerdos. Especialmente en los últimos años de su vida, suelen preocuparse por la posteridad y dejar resuelto su legado.
Los nacidos el 17 de noviembre no son necesariamente muy ambiciosos, pero cuando ocupan un cargo importante tienden a conservarlo y a resistirse a todos los esfuerzos por desbancarlos. Si se les pide que dirijan a otros o que defiendan a los necesitados, escalarán la montaña más alta si es necesario para entablar combate con los mismísimos dioses. Sin embargo, deben tener cuidado para no depender demasiado de la satisfacción que proporciona ocuparse de los problemas de los demás, pues con toda certeza sufrirían cuando ya no les hicieran caso o no los necesitaran más.
Tienen un sistema de creencias morales que a veces inhibe su flexibilidad. También les cuesta mucho ser claros sobre sus emociones y sincerarse a nivel personal. Se sienten orgullosos de su objetividad y su capacidad de mantener la calma frente a la adversidad y las presiones. Para ello, se ejercitan en la disciplina de neutralizar las influencias perturbadoras. Por eso pueden parecer altivos y desconectados de sus semejantes.
La atención de los nacidos este día se dirige sobre todo al mundo material y en consecuencia casi nunca llegan a encontrarse en una situación económica vulnerable. Su hogar tiende a ser sólido, cómodo y sencillo. De hecho, estos individuos no dejan casi nada al azar y deben resistirse a la tendencia de querer controlarlo todo.
NÚMEROS Y PLANETAS
Los nacidos el decimoséptimo día del mes están regidos por el número 8 (1+7 = 8) y por el planeta Saturno. Saturno transmite sentido de las limitaciones y una tendencia excesivamente crítica, lo que agudiza el peligro para los nacidos el 17 de noviembre de convertirse en víctimas de un exceso de severidad consigo mismos. La relación entre Saturno y Plutón (el regente de Escorpio) realza los aspectos dominantes, contundentes, fríos y represores de su personalidad. El número 8 presenta un conflicto entre el mundo espiritual y el material; por lo tanto, los regidos por este número suelen ser individuos solitarios y dados a los excesos.
TAROT
La decimoséptima carta de los Arcanos Mayores es La Estrella, que muestra a una preciosa joven desnuda bajo las estrellas arrojando agua sobre la tierra seca con una jarra y removiendo el agua estancada de un lago con la otra mano. Representa las maravillas de la vida terrenal, pero también la esclavitud material a ella. Las estrellas son un recordatorio eterno del mundo espiritual. Por lo tanto, los nacidos el 17 de noviembre deberían evitar la codicia o las ansias de poder y no olvidar las metas más elevadas de la vida.
SALUD
Los nacidos el 17 de noviembre deben ser prudentes (sobre todo en la vejez) con su postura, especialmente en relación a las lesiones y la deformación del esqueleto y la espalda. La fisioterapia, los tratamientos quiroprácticos, los masajes y la acupuntura les resultarán muy útiles. Estos individuos tienden a ser estoicos con el dolor y no prestan atención a las dolencias crónicas. Por ello deben someterse a revisiones médicas periódicas, incluyendo análisis de sangre (para prevenir una posible anemia). Sus preocupaciones reprimidas pueden manifestarse en forma de úlceras en la zona alta (úlcera de duodeno) o baja (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn) del tracto intestinal. Deben eliminar de su dieta los alimentos exóticos o con demasiadas especias que agravan estos problemas. No es recomendable que se excedan con el ejercicio, a menos que sientan una fuerte inclinación por el atletismo, en cuyo caso deben practicarlo con gran prudencia, sobre todo en la vejez.
CONSEJOS
Intente mantener abierto su corazón; no se cierre emocionalmente. Dé la cara. Deje claras sus intenciones.
MEDITACIÓN
Los elegidos por Dios son la raza humana entera
PUNTOS FUERTES: DIPLOMÁTICOS - SERVICIALES - RESPONSABLES
PUNTOS DÉBILES: MORALISTAS - ALTIVOS - DOMINANTES
Lo he visto aquí y me ha encantado. A veces las flores tienen que venir de uno mismo jejejejje
http://www.horoscopos.in/fecha-de-nacimiento/fechas/noviembre/fecha-de-nacimiento-17-de-noviembre.htm
Los nacidos el 17 de noviembre son como puentes sobre aguas turbulentas, capaces de establecer lazos entre puntos de vista, personas o intereses opuestos. La vida de los nacidos este día puede compararse a un cruce de caminos donde convergen distintas líneas; a menudo desempeñan un papel de protagonista y sus actos son como cemento que mantiene distintos materiales firmemente unidos. Saben cómo administrar su vida familiar, social y profesional para que el grupo vaya como una seda.
Estos individuos aprenden a conciliar elementos diversos debido a su ascendencia cultural o genética, que a menudo es una mezcla de dos o más cepas diferentes. De este modo, son una prueba viviente de que las culturas, clases o entidades políticas que parecían inevitablemente enfrentadas pueden en realidad acabar uniéndose. Por encima de todo, los nacidos este día detestan las disputas, las desavenencias, las tácticas manipuladoras y toda clase de discriminación. Las mujeres más evolucionadas nacidas este día se empeñan en emanciparse y no cambian su independencia por nada. Si se encuentran relegadas a papeles secundarios o poco enriquecedores, necesitarán reconsiderar su posición y cambiar de actividad. Los hombres nacidos este día tienden a ser dominantes o agresivos en sus opiniones, pero entienden que es importante llegar a acuerdos. Especialmente en los últimos años de su vida, suelen preocuparse por la posteridad y dejar resuelto su legado.
Los nacidos el 17 de noviembre no son necesariamente muy ambiciosos, pero cuando ocupan un cargo importante tienden a conservarlo y a resistirse a todos los esfuerzos por desbancarlos. Si se les pide que dirijan a otros o que defiendan a los necesitados, escalarán la montaña más alta si es necesario para entablar combate con los mismísimos dioses. Sin embargo, deben tener cuidado para no depender demasiado de la satisfacción que proporciona ocuparse de los problemas de los demás, pues con toda certeza sufrirían cuando ya no les hicieran caso o no los necesitaran más.
Tienen un sistema de creencias morales que a veces inhibe su flexibilidad. También les cuesta mucho ser claros sobre sus emociones y sincerarse a nivel personal. Se sienten orgullosos de su objetividad y su capacidad de mantener la calma frente a la adversidad y las presiones. Para ello, se ejercitan en la disciplina de neutralizar las influencias perturbadoras. Por eso pueden parecer altivos y desconectados de sus semejantes.
La atención de los nacidos este día se dirige sobre todo al mundo material y en consecuencia casi nunca llegan a encontrarse en una situación económica vulnerable. Su hogar tiende a ser sólido, cómodo y sencillo. De hecho, estos individuos no dejan casi nada al azar y deben resistirse a la tendencia de querer controlarlo todo.
NÚMEROS Y PLANETAS
Los nacidos el decimoséptimo día del mes están regidos por el número 8 (1+7 = 8) y por el planeta Saturno. Saturno transmite sentido de las limitaciones y una tendencia excesivamente crítica, lo que agudiza el peligro para los nacidos el 17 de noviembre de convertirse en víctimas de un exceso de severidad consigo mismos. La relación entre Saturno y Plutón (el regente de Escorpio) realza los aspectos dominantes, contundentes, fríos y represores de su personalidad. El número 8 presenta un conflicto entre el mundo espiritual y el material; por lo tanto, los regidos por este número suelen ser individuos solitarios y dados a los excesos.
TAROT
La decimoséptima carta de los Arcanos Mayores es La Estrella, que muestra a una preciosa joven desnuda bajo las estrellas arrojando agua sobre la tierra seca con una jarra y removiendo el agua estancada de un lago con la otra mano. Representa las maravillas de la vida terrenal, pero también la esclavitud material a ella. Las estrellas son un recordatorio eterno del mundo espiritual. Por lo tanto, los nacidos el 17 de noviembre deberían evitar la codicia o las ansias de poder y no olvidar las metas más elevadas de la vida.
SALUD
Los nacidos el 17 de noviembre deben ser prudentes (sobre todo en la vejez) con su postura, especialmente en relación a las lesiones y la deformación del esqueleto y la espalda. La fisioterapia, los tratamientos quiroprácticos, los masajes y la acupuntura les resultarán muy útiles. Estos individuos tienden a ser estoicos con el dolor y no prestan atención a las dolencias crónicas. Por ello deben someterse a revisiones médicas periódicas, incluyendo análisis de sangre (para prevenir una posible anemia). Sus preocupaciones reprimidas pueden manifestarse en forma de úlceras en la zona alta (úlcera de duodeno) o baja (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn) del tracto intestinal. Deben eliminar de su dieta los alimentos exóticos o con demasiadas especias que agravan estos problemas. No es recomendable que se excedan con el ejercicio, a menos que sientan una fuerte inclinación por el atletismo, en cuyo caso deben practicarlo con gran prudencia, sobre todo en la vejez.
CONSEJOS
Intente mantener abierto su corazón; no se cierre emocionalmente. Dé la cara. Deje claras sus intenciones.
MEDITACIÓN
Los elegidos por Dios son la raza humana entera
PUNTOS FUERTES: DIPLOMÁTICOS - SERVICIALES - RESPONSABLES
PUNTOS DÉBILES: MORALISTAS - ALTIVOS - DOMINANTES
Lo he visto aquí y me ha encantado. A veces las flores tienen que venir de uno mismo jejejejje
http://www.horoscopos.in/fecha-de-nacimiento/fechas/noviembre/fecha-de-nacimiento-17-de-noviembre.htm
21 oct 2010
Silencio en libertad
Entró el silencio en una cueva misteriosa y allí le esperaban murciélagos por las paredes redondeadas. Ellos, extrañados por esa presencia, no desplegaron sus alas, sino que se quedaron agarrados, temerosos. El silencio y su sombra dieron unos pasos. Enseguida vieron incrustada una antorcha y la sombra reptando llegó a alcanzarla. Entonces el silencio la cogió.
Algo sonó al fondo y unas gotas de sangre empezaron a emanar del lagrimal del silencio llegando a matar su sombra con un enorme charco. Deliró el silencio, dio vueltas sin sentido chocándose con las rocas que había dentro de la cueva y cayó mareado. Su último aliento sirvió para crear el viento que hace a las aves volar en libertad.
Algo sonó al fondo y unas gotas de sangre empezaron a emanar del lagrimal del silencio llegando a matar su sombra con un enorme charco. Deliró el silencio, dio vueltas sin sentido chocándose con las rocas que había dentro de la cueva y cayó mareado. Su último aliento sirvió para crear el viento que hace a las aves volar en libertad.
13 oct 2010
Vivir es raro
Si fuéramos cucarachas todo sería más fácil. Nacer, crecer, poner huevos y morir. Pero es que no lo somos aunque a veces nos traten como tal o lo hagamos nosotros, somos humanos con esa capacidad tan especial para comunicarnos mediante la respiración modulada, ¡chupi!
Con esto de la crisis se acentúan los consejos, presiones, opiniones y dardos, al menos para mí. Está feo generalizar y a lo mejor alguien tiene la suerte de no sufrir esto. A gran escala tenemos a las religiones, gurús y autoayudas, que aunque con distinto lenguaje, nos dicen que lo importante es conocernos a nosotros mismos. Tenemos a las religiones, que nos quieren hacer creer en un fantasma para vivir mejor, también podemos agarrarnos a amigos y familiares que, por su experiencia nos aconsejan, y como última opción de la guía de supervivencia está la autoayuda y gurús con su mensaje simple. Todos dicen lo mismo: lo primero es conocerse, disfrutar de las bondades del mundo y luego luchar contra los miedos.
Es raro esto de vivir.
Con esto de la crisis se acentúan los consejos, presiones, opiniones y dardos, al menos para mí. Está feo generalizar y a lo mejor alguien tiene la suerte de no sufrir esto. A gran escala tenemos a las religiones, gurús y autoayudas, que aunque con distinto lenguaje, nos dicen que lo importante es conocernos a nosotros mismos. Tenemos a las religiones, que nos quieren hacer creer en un fantasma para vivir mejor, también podemos agarrarnos a amigos y familiares que, por su experiencia nos aconsejan, y como última opción de la guía de supervivencia está la autoayuda y gurús con su mensaje simple. Todos dicen lo mismo: lo primero es conocerse, disfrutar de las bondades del mundo y luego luchar contra los miedos.
Es raro esto de vivir.
27 sept 2010
La jugada maestra de Zapatero
Estamos ante otra jugada maestra de Zapatero y compañía con esto de la huelga general del 29-S. Según el manifiesto de la huelga y teniendo en cuenta los convocantes, esto me huele a ejercicio ejemplar de demagogia para dar marcha atrás.
El gobierno no tiene respaldo popular, los trabajadores no se sienten respaldados y la reforma laboral que está en curso, solo favorece a empresarios con problemas económicos. CC.OO. y U.G.T. son brazos del gobierno y a través de ellos quieren engañar a los ciudadanos. Me temo que las consecuencias de la huelga pueden ser una supuesta remodelación de la reforma laboral y ganarse el apoyo de los votantes, al hacernos creer que sentarse a “negociar” con los sindicatos es una forma de rectificar escuchando a los demás, pensando que somos tontos y no conocemos la relación entre todos estos. Alguien puede pensar que no es Zapatero el que está detrás de la huelga, pero esta es mi impresión: Jugada maestra de Zapatero.
Si esto sucediera como preveo, conseguiría unos puntos interesantes en esos sondeos que nadie se cree, salvo los que están dentro de ese universo lleno de mítines y fotos al que nadie echa cuenta y se llama escenario político.
El gobierno no tiene respaldo popular, los trabajadores no se sienten respaldados y la reforma laboral que está en curso, solo favorece a empresarios con problemas económicos. CC.OO. y U.G.T. son brazos del gobierno y a través de ellos quieren engañar a los ciudadanos. Me temo que las consecuencias de la huelga pueden ser una supuesta remodelación de la reforma laboral y ganarse el apoyo de los votantes, al hacernos creer que sentarse a “negociar” con los sindicatos es una forma de rectificar escuchando a los demás, pensando que somos tontos y no conocemos la relación entre todos estos. Alguien puede pensar que no es Zapatero el que está detrás de la huelga, pero esta es mi impresión: Jugada maestra de Zapatero.
Si esto sucediera como preveo, conseguiría unos puntos interesantes en esos sondeos que nadie se cree, salvo los que están dentro de ese universo lleno de mítines y fotos al que nadie echa cuenta y se llama escenario político.
10 sept 2010
El misterio del bolso
-Coge el móvil que está dentro del bolso, en la entrada de casa.
Parece fácil hacerlo, incluso parece que no cabe el verbo conseguir. El bolso del tamaño que sea es todo un universo misterioso. ¿Qué hay dentro? ¿objetos animados o inanimados? ¿tiene memoria y solo una mujer puede encontrar lo que busca? ¿hay una cremallera secreta? ¿por qué hay de todo menos lo que busco y si es la dueña lo coge fácil? ¿el bolso es como el chicle?
Dicen las mujeres que no necesita manual, que hay poco espacio, que solo metiendo la mano y palpando se puede encontrar el móvil. Se me hace un mundo infinito encontrar algo dentro. No es cuestión de que esté oscuro o que la luz entre, tampoco que sea de material rígido o tocando la parte exterior se pueda saber lo que esconde, la cosa es que se me hace imposible encontrar cualquier cosa que quiera. Eso sí, buscando un móvil puedo palpar de todo... objetos blandos, duros, circulares, cuadrados, rectangulares, amorfos pero nunca el móvil.
Ya me gustaría sonreír y conseguir el tesoro, porque una vez en materia, la búsqueda se convierte en eso. El final siempre es entregar el bolso completo y quedarme con cara de admiración viendo que ella en pocos segundos lo consigue y yo hace nada, me fui lento y con miedo a pasar la prueba con éxito.
El final es casi como el principio:
-Te dije el móvil, no el bolso entero.
Parece fácil hacerlo, incluso parece que no cabe el verbo conseguir. El bolso del tamaño que sea es todo un universo misterioso. ¿Qué hay dentro? ¿objetos animados o inanimados? ¿tiene memoria y solo una mujer puede encontrar lo que busca? ¿hay una cremallera secreta? ¿por qué hay de todo menos lo que busco y si es la dueña lo coge fácil? ¿el bolso es como el chicle?
Dicen las mujeres que no necesita manual, que hay poco espacio, que solo metiendo la mano y palpando se puede encontrar el móvil. Se me hace un mundo infinito encontrar algo dentro. No es cuestión de que esté oscuro o que la luz entre, tampoco que sea de material rígido o tocando la parte exterior se pueda saber lo que esconde, la cosa es que se me hace imposible encontrar cualquier cosa que quiera. Eso sí, buscando un móvil puedo palpar de todo... objetos blandos, duros, circulares, cuadrados, rectangulares, amorfos pero nunca el móvil.
Ya me gustaría sonreír y conseguir el tesoro, porque una vez en materia, la búsqueda se convierte en eso. El final siempre es entregar el bolso completo y quedarme con cara de admiración viendo que ella en pocos segundos lo consigue y yo hace nada, me fui lento y con miedo a pasar la prueba con éxito.
El final es casi como el principio:
-Te dije el móvil, no el bolso entero.
21 jul 2010
Un día cualquiera
No tengo trabajo pero me gusta despertarme temprano, así que a las siete de la mañana suena el despertador del móvil. Como no tengo prisa por levantarme, lo pongo media hora más tarde, antes de empezar el día. En esta media hora, Sevilla pasa de la oscuridad a la luz, del piar de los pájaros al ruido de los coches.
Lo primero es ir al cuarto de baño. Nada más entrar, está el lavabo a la derecha con un espejo con marco rojo y un foco. Enfrente, a un paso, el perchero con dos toallas, una marrón y otra roja, para ese momento de la ducha, primera prueba de la mañana.
Antes de nada, dos o tres viajes al armario donde está la ropa, porque, si no me olvido la ropa interior, es el pantalón, o cuando cierro la puerta del cuarto de baño no tengo camiseta para después. El caso es que siempre tengo que volver. Suelo poner una radio pequeña y escuchar música mientras me ducho. La pongo encima del lavabo aunque me entre la paranoia de que me va a pasar como en las pelis de miedo y muera electrocutado. Después de veinte años haciéndolo no será hoy el día en el que pase. El váter es demasiado pequeño para lo que quiero porque ahí va la ropa nueva, la que llevo encima y yo, por lo que aunque se arrugue todo, al menos calentita va a quedar. Es el momento en el que hay que poner los cinco sentidos en una sola meta: abrir una de las puertas de la mampara, pensar en cómo se debe poner la alcachofa de la ducha para que ni me roce cuando me vaya a meter hasta que deje de estar el agua helada, y colocarla. Con los pies fuera de la plataforma de la ducha y haciendo malabarismo, ¡máxima potencia y agua caliente! Tanto que en breve el vapor empaña casi todo el cuarto de baño. Es pequeño. Es que si entro con el agua fría, puedo convertirme en un cubito de hielo y prefiero quemarme en la hoguera. Cosas de los sureños.
Rápido, muy rápido, saco la mano izquierda y con la derecha encajo una puerta con otra. Siempre lo hago al revés, lo que supone un contratiempo. Cuento “1, 2, 3” y para adentro. Si todo va bien, no hay gota que haya siquiera humedecido mi cuerpo. Entonces cojo la palanca que decide la temperatura y la pongo que ni para ti ni para mí, en el medio. Ya me puedo duchar tranquilo, abriendo y cerrando el agua para gastar lo menos posible, que luego veo en la tele lo de “por un litro de agua…” y me siento mal.
Antes de vestirme, me pongo a lavarme los dientes. Comienza el juego. Con un ritmo lento quito el tapón de rosca del dentífrico. ¿Cómo se ha podido escapar si lo he hecho con cuidado?, me pregunto. Acelerando los movimientos, trato de evitar lo inevitable. El tapón empieza a cobrar vida y se pone a corretear por el lavabo y manos y ojos se ponen a seguirlo. ¡Cachi! ¡Lo cogí! ¡Uiiiiiiii! Casi lo consigo. Después de volverme loco, el tapón acaba en el desagüe y, por si fuera poco, ocupa justo la superficie del agujero. Ni se cae ni se puede coger fácilmente. Supongo que cada uno tiene su técnica. La mía es coger las tijeritas con final en curva para tirar de él. Y... lo consigo. Con el tapón en la mano me siento el más feliz del mundo. Game over.
Ya despierto del todo tras este incidente, desayuno un vaso de leche con colacao y media tostada con mantequilla. Ahora llega el momento de saber cómo se despierta el mundo y bajo a comprar algún periódico al kiosco. Coincido allí con una mujer mayor, setenta y cinco años dice que tiene. Yo espero mi turno a la izquierda de ella, y de repente empieza a hablarme. Primero sobre el cielo y el infierno, y luego ya me cuenta su perra vida, y no en el sentido de vagancia, sino de piedrecillas y pedruscos que se ha encontrado en el camino hasta llegar al presente. Mucha gente le habría cortado y seguido su camino, pero no quiero ni eso ni desconectar. Es algo muy rico lo que se siente cuando alguien te cuenta sus cosas y sabes que tu silencio le basta y sobra para sentirse mejor. No sé qué le hace pararse conmigo, sé que me alegra que lo haga.
No me voy a detener en lo que me cuenta. Es fácil adivinar lo que le puede ocurrir a una niña de la posguerra que se casa con el hombre equivocado y dedica su vida a las buenas obras, las que realmente importan, sin darle más valor al dinero que un medio para ayudar a familiares, amigos o dando una gran propina a desconocidos. Al final me dijo que yo había hecho la buena obra del día escuchándola. Supongo que una buena obra es eso, ayudar y ser ayudado.
Por la tarde, quedo con una amiga especial. Todos hemos tenido una amiga a la que le confiamos todo, con la que estamos realmente cómodos, para la que no tenemos secretos. Nos hace estar ilusionados, sonrientes, seguros, cuando simplemente le contamos algo de nuestro pasado o un gran problema que nos tiene muy preocupados o es ella la que lo cuenta. Esa persona que se va haciendo cada vez más especial con solo sonreír, y hace que se nos olvide el problema aunque sea un ratillo, en mi caso se llama Lucía.
Ella me detalla un pequeño lío que tiene con otra persona. Le sonrío y apoyo. Pero, ¿qué pasa cuando nos despedimos? Lucía me da un abrazo y un beso efusivo. Para ella es una muestra de cariño y hasta de agradecimiento por estar con ella, pero para mí es el principio del fin. Ya cuando solo queda el recuerdo de su olor, empiezo con el “y si...” y me ilusiono con llegar a ser más que amigos. Craso error. No sé qué hacer o ni siquiera si debería hacer algo. Seguiré diciéndole que entre nosotros no hay secretos, pero hay algo en mi corazoncito que lo niega. Hay algo que estoy deseando compartir con ella, pero que por miedo a perder, no lo exteriorizo. Tener una gran amiga o un gran amigo es una gran suerte pero también puede ser un yugo. Hay que echar la moneda al aire y esperar a que salga cara en vez de cruz.
Ya de vuelta a casa, me siento en el sofá con la cabeza un poco ida y me entretengo con el telediario de las nueve. El ambiente está enrarecido, los políticos alzan la voz y solo los que no pueden mirar a otro lado se paran a escucharlos. La audiencia se sienta en sillas baratas mientras ellos, los poderosos, tienen coches oficiales y demás comodidades que los alejan de los ciudadanos, de la audiencia. Esta situación provoca otros cambios en las relaciones personales y profesionales. El verdadero círculo de amigos se estrecha y endurece, mientras el otro, el de los intereses, se multiplica sin fin.
En medio de este difuminado futuro, con las temperaturas congelando ideas y agrandando ese silencio que merece una patada en el culo, en medio de todo esto, puedo sentir un fuego rodeado de nieve. Después de la predicción del tiempo para los próximos días, me presto a echarle el aliento a un libro que debería estudiar, cuando de repente tengo un presentimiento. Tengo que dejar lo que estoy haciendo y bajar al portal. Me quedo a escasos metros de la puerta intentando averiguar la causa que me hace estar ahí. Hace muchísimo frío, pero es soportable. Me gusta ver cómo late Sevilla a las distintas horas del día, y puedo asegurar que en este momento está con lo justito para estar viva. Todo oscuro, salvo algún haz de luz extraviado procedente de las farolas.
A los pocos minutos algo me sorprende, me deja sin palabras, solo mis oídos son capaces de reaccionar. Al principio pienso que es alguna banda de música de Semana Santa ensayando como todos los días, como todos los años... pero no, hoy la previsión no puede alzar la voz. Se trata de un ritmo alegre que viene del parque de enfrente de donde estoy. Un grupo de chavales que en vez de ahogarse en este presente, optan por alegrar el momento, al menos a mí me hace pensar que siendo positivo se pueden conseguir grandes cosas. Es lo que me transmite.
No tienen un equipo de música que suene tan alto que moleste, ni están junto a un coche con vasos largos en lo alto. Solo necesitan unas latas, unos tambores, un silbato y ganas de cambiar este cuadro negro en el que está dibujada la sociedad. Son cinco. No buscan que pongan más farolas, ni que les den trabajo, solo tocar sus instrumentos. Seguramente, todos los que ahora pasan delante de mí, piensan que estoy loco. Un chaquetón gris abrochado hasta el cuello, una barba considerable, y moviendo las piernas al son de los tambores. Pero me da igual, estoy viviendo mi principio de metamorfosis. Tengo que arrear a la realidad y reaccionar ante la negatividad reinante que me hace sentir como si tuviera miel en la suela de los zapatos y pausara mis movimientos. Estos chavales de veinticinco o veintiséis años han encendido una mecha con la que tengo que hacer explotar mis zapatos y comprarme otros. Iré a los mismos lugares y a otros nuevos, pero con otros ojos, con otros zapatos que repelan la miel.
Son las diez de la noche y me siento nuevo, pero... toc- toc, la realidad llega y nos pega un chorlito en los oídos. Cuatro policías se acercan y ordenan silencio. Ellos se van a otro lugar y yo a mi casa.
No acostumbro a cenar mucho, solo una tortilla francesa y agua. En la televisión hay poco que ver y además estoy con ánimo positivo, lo mejor para acostarme, aprender algo más, apagar la luz y pensar lo que quiero en mi nueva vida. Así que me dispongo a leer un libro de relatos antes de dormirme, pero ahí está él para impedirlo. Primero me pica en la pierna derecha y luego, de recochineo, pasa por mi oído para que sepa que es él. Ese sonido tan estridente hace que deje el libro en la cama y me ponga a pelear con aquel ser con cuerpo de mosquito. Puerta y ventanas cerradas para que no se escape. Dicen que mente superior domina mente inferior.
Voy reconociendo cada pared blanca, cada una de las estanterías llenas de libros, las puertas del armario de la ropa, ese aparato que compré en la teletienda para ponerme en forma pero que acaba por ser un mueble más, la puerta del cuarto, que al estar pintada de marrón oscuro parece buen sitio para esconderse, y el techo cuadrado, incluso cerca de la bombilla que cuelga. Nada. Empiezo a replantearme si la mente superior es la suya o la mía. Hoy no es el día para darme por vencido a la primera de cambio y tengo que hacer una segunda revisión. ¡Ahí está! En una estantería, sobre un libro de templarios cubierto por un plástico que compré en una promoción. Cojo unas chanclas y despacio me aproximo. ¡Zas! ¡Ja! Se va a reír de mí una mente inferior. Yo soy el que manda aquí.
Miento si digo que lo mato y me duermo feliz. Ni siquiera lo rozo. Quizás le provoque un infarto al corazón, porque ya no vuelvo a sentirlo en toda la noche. No sé si algún ser es más que otro, pero sí que todos estamos aquí para sobrevivir y eso nos iguala. Con esta lección que me da un mosquito, empieza mi nueva vida.
Lo primero es ir al cuarto de baño. Nada más entrar, está el lavabo a la derecha con un espejo con marco rojo y un foco. Enfrente, a un paso, el perchero con dos toallas, una marrón y otra roja, para ese momento de la ducha, primera prueba de la mañana.
Antes de nada, dos o tres viajes al armario donde está la ropa, porque, si no me olvido la ropa interior, es el pantalón, o cuando cierro la puerta del cuarto de baño no tengo camiseta para después. El caso es que siempre tengo que volver. Suelo poner una radio pequeña y escuchar música mientras me ducho. La pongo encima del lavabo aunque me entre la paranoia de que me va a pasar como en las pelis de miedo y muera electrocutado. Después de veinte años haciéndolo no será hoy el día en el que pase. El váter es demasiado pequeño para lo que quiero porque ahí va la ropa nueva, la que llevo encima y yo, por lo que aunque se arrugue todo, al menos calentita va a quedar. Es el momento en el que hay que poner los cinco sentidos en una sola meta: abrir una de las puertas de la mampara, pensar en cómo se debe poner la alcachofa de la ducha para que ni me roce cuando me vaya a meter hasta que deje de estar el agua helada, y colocarla. Con los pies fuera de la plataforma de la ducha y haciendo malabarismo, ¡máxima potencia y agua caliente! Tanto que en breve el vapor empaña casi todo el cuarto de baño. Es pequeño. Es que si entro con el agua fría, puedo convertirme en un cubito de hielo y prefiero quemarme en la hoguera. Cosas de los sureños.
Rápido, muy rápido, saco la mano izquierda y con la derecha encajo una puerta con otra. Siempre lo hago al revés, lo que supone un contratiempo. Cuento “1, 2, 3” y para adentro. Si todo va bien, no hay gota que haya siquiera humedecido mi cuerpo. Entonces cojo la palanca que decide la temperatura y la pongo que ni para ti ni para mí, en el medio. Ya me puedo duchar tranquilo, abriendo y cerrando el agua para gastar lo menos posible, que luego veo en la tele lo de “por un litro de agua…” y me siento mal.
Antes de vestirme, me pongo a lavarme los dientes. Comienza el juego. Con un ritmo lento quito el tapón de rosca del dentífrico. ¿Cómo se ha podido escapar si lo he hecho con cuidado?, me pregunto. Acelerando los movimientos, trato de evitar lo inevitable. El tapón empieza a cobrar vida y se pone a corretear por el lavabo y manos y ojos se ponen a seguirlo. ¡Cachi! ¡Lo cogí! ¡Uiiiiiiii! Casi lo consigo. Después de volverme loco, el tapón acaba en el desagüe y, por si fuera poco, ocupa justo la superficie del agujero. Ni se cae ni se puede coger fácilmente. Supongo que cada uno tiene su técnica. La mía es coger las tijeritas con final en curva para tirar de él. Y... lo consigo. Con el tapón en la mano me siento el más feliz del mundo. Game over.
Ya despierto del todo tras este incidente, desayuno un vaso de leche con colacao y media tostada con mantequilla. Ahora llega el momento de saber cómo se despierta el mundo y bajo a comprar algún periódico al kiosco. Coincido allí con una mujer mayor, setenta y cinco años dice que tiene. Yo espero mi turno a la izquierda de ella, y de repente empieza a hablarme. Primero sobre el cielo y el infierno, y luego ya me cuenta su perra vida, y no en el sentido de vagancia, sino de piedrecillas y pedruscos que se ha encontrado en el camino hasta llegar al presente. Mucha gente le habría cortado y seguido su camino, pero no quiero ni eso ni desconectar. Es algo muy rico lo que se siente cuando alguien te cuenta sus cosas y sabes que tu silencio le basta y sobra para sentirse mejor. No sé qué le hace pararse conmigo, sé que me alegra que lo haga.
No me voy a detener en lo que me cuenta. Es fácil adivinar lo que le puede ocurrir a una niña de la posguerra que se casa con el hombre equivocado y dedica su vida a las buenas obras, las que realmente importan, sin darle más valor al dinero que un medio para ayudar a familiares, amigos o dando una gran propina a desconocidos. Al final me dijo que yo había hecho la buena obra del día escuchándola. Supongo que una buena obra es eso, ayudar y ser ayudado.
Por la tarde, quedo con una amiga especial. Todos hemos tenido una amiga a la que le confiamos todo, con la que estamos realmente cómodos, para la que no tenemos secretos. Nos hace estar ilusionados, sonrientes, seguros, cuando simplemente le contamos algo de nuestro pasado o un gran problema que nos tiene muy preocupados o es ella la que lo cuenta. Esa persona que se va haciendo cada vez más especial con solo sonreír, y hace que se nos olvide el problema aunque sea un ratillo, en mi caso se llama Lucía.
Ella me detalla un pequeño lío que tiene con otra persona. Le sonrío y apoyo. Pero, ¿qué pasa cuando nos despedimos? Lucía me da un abrazo y un beso efusivo. Para ella es una muestra de cariño y hasta de agradecimiento por estar con ella, pero para mí es el principio del fin. Ya cuando solo queda el recuerdo de su olor, empiezo con el “y si...” y me ilusiono con llegar a ser más que amigos. Craso error. No sé qué hacer o ni siquiera si debería hacer algo. Seguiré diciéndole que entre nosotros no hay secretos, pero hay algo en mi corazoncito que lo niega. Hay algo que estoy deseando compartir con ella, pero que por miedo a perder, no lo exteriorizo. Tener una gran amiga o un gran amigo es una gran suerte pero también puede ser un yugo. Hay que echar la moneda al aire y esperar a que salga cara en vez de cruz.
Ya de vuelta a casa, me siento en el sofá con la cabeza un poco ida y me entretengo con el telediario de las nueve. El ambiente está enrarecido, los políticos alzan la voz y solo los que no pueden mirar a otro lado se paran a escucharlos. La audiencia se sienta en sillas baratas mientras ellos, los poderosos, tienen coches oficiales y demás comodidades que los alejan de los ciudadanos, de la audiencia. Esta situación provoca otros cambios en las relaciones personales y profesionales. El verdadero círculo de amigos se estrecha y endurece, mientras el otro, el de los intereses, se multiplica sin fin.
En medio de este difuminado futuro, con las temperaturas congelando ideas y agrandando ese silencio que merece una patada en el culo, en medio de todo esto, puedo sentir un fuego rodeado de nieve. Después de la predicción del tiempo para los próximos días, me presto a echarle el aliento a un libro que debería estudiar, cuando de repente tengo un presentimiento. Tengo que dejar lo que estoy haciendo y bajar al portal. Me quedo a escasos metros de la puerta intentando averiguar la causa que me hace estar ahí. Hace muchísimo frío, pero es soportable. Me gusta ver cómo late Sevilla a las distintas horas del día, y puedo asegurar que en este momento está con lo justito para estar viva. Todo oscuro, salvo algún haz de luz extraviado procedente de las farolas.
A los pocos minutos algo me sorprende, me deja sin palabras, solo mis oídos son capaces de reaccionar. Al principio pienso que es alguna banda de música de Semana Santa ensayando como todos los días, como todos los años... pero no, hoy la previsión no puede alzar la voz. Se trata de un ritmo alegre que viene del parque de enfrente de donde estoy. Un grupo de chavales que en vez de ahogarse en este presente, optan por alegrar el momento, al menos a mí me hace pensar que siendo positivo se pueden conseguir grandes cosas. Es lo que me transmite.
No tienen un equipo de música que suene tan alto que moleste, ni están junto a un coche con vasos largos en lo alto. Solo necesitan unas latas, unos tambores, un silbato y ganas de cambiar este cuadro negro en el que está dibujada la sociedad. Son cinco. No buscan que pongan más farolas, ni que les den trabajo, solo tocar sus instrumentos. Seguramente, todos los que ahora pasan delante de mí, piensan que estoy loco. Un chaquetón gris abrochado hasta el cuello, una barba considerable, y moviendo las piernas al son de los tambores. Pero me da igual, estoy viviendo mi principio de metamorfosis. Tengo que arrear a la realidad y reaccionar ante la negatividad reinante que me hace sentir como si tuviera miel en la suela de los zapatos y pausara mis movimientos. Estos chavales de veinticinco o veintiséis años han encendido una mecha con la que tengo que hacer explotar mis zapatos y comprarme otros. Iré a los mismos lugares y a otros nuevos, pero con otros ojos, con otros zapatos que repelan la miel.
Son las diez de la noche y me siento nuevo, pero... toc- toc, la realidad llega y nos pega un chorlito en los oídos. Cuatro policías se acercan y ordenan silencio. Ellos se van a otro lugar y yo a mi casa.
No acostumbro a cenar mucho, solo una tortilla francesa y agua. En la televisión hay poco que ver y además estoy con ánimo positivo, lo mejor para acostarme, aprender algo más, apagar la luz y pensar lo que quiero en mi nueva vida. Así que me dispongo a leer un libro de relatos antes de dormirme, pero ahí está él para impedirlo. Primero me pica en la pierna derecha y luego, de recochineo, pasa por mi oído para que sepa que es él. Ese sonido tan estridente hace que deje el libro en la cama y me ponga a pelear con aquel ser con cuerpo de mosquito. Puerta y ventanas cerradas para que no se escape. Dicen que mente superior domina mente inferior.
Voy reconociendo cada pared blanca, cada una de las estanterías llenas de libros, las puertas del armario de la ropa, ese aparato que compré en la teletienda para ponerme en forma pero que acaba por ser un mueble más, la puerta del cuarto, que al estar pintada de marrón oscuro parece buen sitio para esconderse, y el techo cuadrado, incluso cerca de la bombilla que cuelga. Nada. Empiezo a replantearme si la mente superior es la suya o la mía. Hoy no es el día para darme por vencido a la primera de cambio y tengo que hacer una segunda revisión. ¡Ahí está! En una estantería, sobre un libro de templarios cubierto por un plástico que compré en una promoción. Cojo unas chanclas y despacio me aproximo. ¡Zas! ¡Ja! Se va a reír de mí una mente inferior. Yo soy el que manda aquí.
Miento si digo que lo mato y me duermo feliz. Ni siquiera lo rozo. Quizás le provoque un infarto al corazón, porque ya no vuelvo a sentirlo en toda la noche. No sé si algún ser es más que otro, pero sí que todos estamos aquí para sobrevivir y eso nos iguala. Con esta lección que me da un mosquito, empieza mi nueva vida.
17 jun 2010
Nobody, el final de Koninwa
Koninwa es un pueblo que ocupa una pequeña extensión de terreno situada en un valle cercano al cañón del Colorado, en Estados Unidos. Por allí, solo pasea el silencio raras veces interrumpido por algún viento que recuerda a su época de agitación y esplendor. Hay cinco montones de maderas agujereadas a veinte metros de distancia cada uno, todos en línea recta, todos con un presente tan obsoleto como el cartel que anuncia Koninwa. Un pentágono inacabado en el que solo se puede leer a duras penas: “com” en el pico más alto, y “nin” en la unión de los dos vértices inferiores. El amarillo de la tierra y las rocas distribuidas formando un gran círculo, son el fondo donde hace siglos, tenían lugar apoteósicos duelos de los mejores pistoleros.
Si hay un nombre con el que se relacione a Koninwa, ese es Nobody, conocido como No. Allá por el 1880, ya solía sentarse con su revólver en la terraza de su casa. Sombrero ancho, oscuro, con un hueco en lo alto capaz de esconder cuarenta balas en sus paredes de tela. Tenía unos pequeños ojos capaces de distinguir a cada tipo de hombre. Su oscuro bigote y su barba voluminosa le proferían un carácter aterrador. Consecuencia de esto era el hecho de que tenía en su haber tantos muertos como duelos. Siempre estaba dándole vueltas al enorme lazo de cinco metros que le acompañaba en sus tardes, sentado en su silla de madera, con su ropaje siempre oscuro y botas marrones de cuero, en el lado derecho de la entrada de su casa, donde podía ver mejor la puerta del saloon.
Nobody solía pasar las noches en el saloon, donde la mujer más hermosa del pueblo, Leonora, bailaba y cantaba. Los vaqueros le silbaban y tiraban piropos, sentados en mesas de poker mientras actuaba. En cambio, él se sentaba solo y permanecía callado. Un maldito día, mientras Leonora acababa su actuación, Jack Gun, el más temido en el pueblo, subió al escenario botella en mano. Cogió a Leonora y se la llevó a la fuerza sobre un hombro. El pianista siguió tocando y un grupo de bailarinas salió al escenario. Nobody destrozó todas las botellas de whisky y luego fue a rescatar a Leonora. Antes de que llegara Jack al caballo para huir con ella, No pudo dispararle al sombrero y hacer que se detuviera.
—Suelta a mi mujer o serás hombre muerto —dijo No, seguro de sí mismo.
—Ya es hora de pudrirte en el cementerio. Tú lo has querido, respondió Jack, tras lanzar al suelo a Leonora.
El frío y una parada repentina del viento comunicaron a los ciudadanos que se acercaba el duelo entre los pistoleros más sanguinarios: Nobody y Jack Gun. Tuvo lugar entre el banco y la guarida del Sheriff, cerca del saloon.
La arena olía a anuncio de muerte. Incluso un ave tan espectacular como temida, sobrevolaba a escasos diez metros de altura toda la extensión de Koninwa con ritmo lento, como acostumbraba el buitre.
Una mano en el cinturón y la otra, la diestra, acariciando el revólver, su Colt 45, más conocido a lo largo y ancho de las llanuras del lejano Oeste como El Pacificador. Cuando una bala entra en el ánima del arma de No, ya no hay vuelta atrás. El ánima es penumbra, párpado cerrado en donde vida y muerte son antítesis ante el veredicto de la sangre: acabar en ninguna parte, o asestar el golpe definitivo que acabara con el latir del adversario. Con la mirada fija haciéndose con la fuerza del tiempo y formando un triángulo mortal entre sus espuelas plateadas y su cintura. Frente a él, a veinte metros, la figura elegante de Jack Gun, con ambas manos sujetando fuerte sus revólveres Colt de la caballería de Estados Unidos, arqueando los brazos y rozando con los pulgares la cartuchera de cuero. Nobody sentía el dolor del mal augurio. Jack guiñó su ojo derecho al tiempo que retumbaba el sonido paralizante de la campana de la iglesia del pueblo.
Un buitre se posó delante del banco. Solo tenía que esperar el disparo que debería de acabar con uno de los dos. Y llegó. Ambos se olvidaron de la causa de su duelo y pasaron a hacer efectiva la consecuencia. La sangre se agolpó en la diestra de Nobody mientras Gun la repartía entre ambas. Estaban inmóviles. Ocurrió lo inesperado. Un disparo, un muerto. Un agujero en la sien y cayó desplomado en el suelo amarillento bañándolo de sangre lentamente. El olor a pólvora y el leve sonido del carroñero avisaron a la gente del pueblo. Todos pudieron ver el desenlace. Jack Gun había muerto. Leonora salió corriendo para avisar a su padre, el sheriff Walter. Ella era dulce y no quería un futuro con No. Walter salió de su despacho y miró con cara de odio.
—Tendrás que irte, No. Matar a un hombre supone la cárcel, pero más importante es mi hija. Márchate —dijo el sheriff nada más salir a la calle con su voz ronca. Expulsó las palabras como si salieran de un enorme cañón, retumbando cada sílaba y dejando un rastro de rotundidad tras ellas.
Entonces No se sacudió los restos de pólvora que habían coloreado su hombro derecho, enfundó el revolver y caminó despacio con la tranquilidad de haber hecho lo que debía. Miró los ojos marrones de su caballo, colocó las monturas y salió hacia las afueras del pueblo.
Nobody cabalgó veinte millas entre la escasa flora de la llanura. Sabía que las palabras del sheriff suponían un no retorno, que por ayudar a una mujer se había convertido en forastero de su pueblo. Se encontró con un hombre sentado en una roca y tocando la armónica. Era John Cara cortada, un fugitivo de la ley. Encendieron una hoguera, cenaron serpiente asada mientras No le contó un plan para acabar con Koninwa. Quería volver a por Leonora.
En la iglesia había un almacén con pólvora como para hacer volar el pueblo. Tenían que encontrar caballos y dinamita para hacerla explotar junto a la que ya había allí. Cara cortada sabía dónde encontrarla, a media milla de donde estaban sentados. Él había sido minero y conocía la zona mejor que nadie. Solo tenían que acabar con diez hombres que custodiaban el lugar día y noche. Así lo hicieron, aprovecharon la poca luz que había al acabar la cena. Mataron a ocho y aprisionaron a los otros dos. Les amarraron las manos e hicieron que guiaran a los caballos cargados con los explosivos. Una vez llegado al último escondite antes de Koninwa, les obligaron a amarrar los caballos cerca de la iglesia y luego huir. El cura vio dos hombres correr y gritó al sheriff para que saliera. El sheriff salió y vio a Nobody acompañado de otro. Avisó a sus ayudantes, y antes de que pudiera volar por los aires la iglesia y el pueblo entero, ya estaban Walter y su cuadrilla listos para acabar con ellos.
Diez contra dos. Todos escondidos fueron gastando balas. La gente cerraba las ventanas y puertas. La puntería haría el resto. Nobody acabó con una herida en el brazo izquierdo, pero John Cara cortada murió. Hubo un duelo a muerte entre el sheriff Walter y No, en el que venció el forastero, No. Fue a por Leonora, la convenció para que huyeran juntos y tuvieran un futuro feliz lejos de allí. Se montaron cada uno en un caballo. Pero a No le faltaba algo que terminar antes de irse. Disparó al montón de explosivos y dejó Koninwa, como está ahora, un siglo después. Derruida.
Leonora y Nobodoy cabalgaron hasta perderse en el horizonte, con la promesa de abandonar aquella costumbre de jugarse la vida en cada instante, criar ganado y crear una familia lejos del salvaje Oeste.
Si hay un nombre con el que se relacione a Koninwa, ese es Nobody, conocido como No. Allá por el 1880, ya solía sentarse con su revólver en la terraza de su casa. Sombrero ancho, oscuro, con un hueco en lo alto capaz de esconder cuarenta balas en sus paredes de tela. Tenía unos pequeños ojos capaces de distinguir a cada tipo de hombre. Su oscuro bigote y su barba voluminosa le proferían un carácter aterrador. Consecuencia de esto era el hecho de que tenía en su haber tantos muertos como duelos. Siempre estaba dándole vueltas al enorme lazo de cinco metros que le acompañaba en sus tardes, sentado en su silla de madera, con su ropaje siempre oscuro y botas marrones de cuero, en el lado derecho de la entrada de su casa, donde podía ver mejor la puerta del saloon.
Nobody solía pasar las noches en el saloon, donde la mujer más hermosa del pueblo, Leonora, bailaba y cantaba. Los vaqueros le silbaban y tiraban piropos, sentados en mesas de poker mientras actuaba. En cambio, él se sentaba solo y permanecía callado. Un maldito día, mientras Leonora acababa su actuación, Jack Gun, el más temido en el pueblo, subió al escenario botella en mano. Cogió a Leonora y se la llevó a la fuerza sobre un hombro. El pianista siguió tocando y un grupo de bailarinas salió al escenario. Nobody destrozó todas las botellas de whisky y luego fue a rescatar a Leonora. Antes de que llegara Jack al caballo para huir con ella, No pudo dispararle al sombrero y hacer que se detuviera.
—Suelta a mi mujer o serás hombre muerto —dijo No, seguro de sí mismo.
—Ya es hora de pudrirte en el cementerio. Tú lo has querido, respondió Jack, tras lanzar al suelo a Leonora.
El frío y una parada repentina del viento comunicaron a los ciudadanos que se acercaba el duelo entre los pistoleros más sanguinarios: Nobody y Jack Gun. Tuvo lugar entre el banco y la guarida del Sheriff, cerca del saloon.
La arena olía a anuncio de muerte. Incluso un ave tan espectacular como temida, sobrevolaba a escasos diez metros de altura toda la extensión de Koninwa con ritmo lento, como acostumbraba el buitre.
Una mano en el cinturón y la otra, la diestra, acariciando el revólver, su Colt 45, más conocido a lo largo y ancho de las llanuras del lejano Oeste como El Pacificador. Cuando una bala entra en el ánima del arma de No, ya no hay vuelta atrás. El ánima es penumbra, párpado cerrado en donde vida y muerte son antítesis ante el veredicto de la sangre: acabar en ninguna parte, o asestar el golpe definitivo que acabara con el latir del adversario. Con la mirada fija haciéndose con la fuerza del tiempo y formando un triángulo mortal entre sus espuelas plateadas y su cintura. Frente a él, a veinte metros, la figura elegante de Jack Gun, con ambas manos sujetando fuerte sus revólveres Colt de la caballería de Estados Unidos, arqueando los brazos y rozando con los pulgares la cartuchera de cuero. Nobody sentía el dolor del mal augurio. Jack guiñó su ojo derecho al tiempo que retumbaba el sonido paralizante de la campana de la iglesia del pueblo.
Un buitre se posó delante del banco. Solo tenía que esperar el disparo que debería de acabar con uno de los dos. Y llegó. Ambos se olvidaron de la causa de su duelo y pasaron a hacer efectiva la consecuencia. La sangre se agolpó en la diestra de Nobody mientras Gun la repartía entre ambas. Estaban inmóviles. Ocurrió lo inesperado. Un disparo, un muerto. Un agujero en la sien y cayó desplomado en el suelo amarillento bañándolo de sangre lentamente. El olor a pólvora y el leve sonido del carroñero avisaron a la gente del pueblo. Todos pudieron ver el desenlace. Jack Gun había muerto. Leonora salió corriendo para avisar a su padre, el sheriff Walter. Ella era dulce y no quería un futuro con No. Walter salió de su despacho y miró con cara de odio.
—Tendrás que irte, No. Matar a un hombre supone la cárcel, pero más importante es mi hija. Márchate —dijo el sheriff nada más salir a la calle con su voz ronca. Expulsó las palabras como si salieran de un enorme cañón, retumbando cada sílaba y dejando un rastro de rotundidad tras ellas.
Entonces No se sacudió los restos de pólvora que habían coloreado su hombro derecho, enfundó el revolver y caminó despacio con la tranquilidad de haber hecho lo que debía. Miró los ojos marrones de su caballo, colocó las monturas y salió hacia las afueras del pueblo.
Nobody cabalgó veinte millas entre la escasa flora de la llanura. Sabía que las palabras del sheriff suponían un no retorno, que por ayudar a una mujer se había convertido en forastero de su pueblo. Se encontró con un hombre sentado en una roca y tocando la armónica. Era John Cara cortada, un fugitivo de la ley. Encendieron una hoguera, cenaron serpiente asada mientras No le contó un plan para acabar con Koninwa. Quería volver a por Leonora.
En la iglesia había un almacén con pólvora como para hacer volar el pueblo. Tenían que encontrar caballos y dinamita para hacerla explotar junto a la que ya había allí. Cara cortada sabía dónde encontrarla, a media milla de donde estaban sentados. Él había sido minero y conocía la zona mejor que nadie. Solo tenían que acabar con diez hombres que custodiaban el lugar día y noche. Así lo hicieron, aprovecharon la poca luz que había al acabar la cena. Mataron a ocho y aprisionaron a los otros dos. Les amarraron las manos e hicieron que guiaran a los caballos cargados con los explosivos. Una vez llegado al último escondite antes de Koninwa, les obligaron a amarrar los caballos cerca de la iglesia y luego huir. El cura vio dos hombres correr y gritó al sheriff para que saliera. El sheriff salió y vio a Nobody acompañado de otro. Avisó a sus ayudantes, y antes de que pudiera volar por los aires la iglesia y el pueblo entero, ya estaban Walter y su cuadrilla listos para acabar con ellos.
Diez contra dos. Todos escondidos fueron gastando balas. La gente cerraba las ventanas y puertas. La puntería haría el resto. Nobody acabó con una herida en el brazo izquierdo, pero John Cara cortada murió. Hubo un duelo a muerte entre el sheriff Walter y No, en el que venció el forastero, No. Fue a por Leonora, la convenció para que huyeran juntos y tuvieran un futuro feliz lejos de allí. Se montaron cada uno en un caballo. Pero a No le faltaba algo que terminar antes de irse. Disparó al montón de explosivos y dejó Koninwa, como está ahora, un siglo después. Derruida.
Leonora y Nobodoy cabalgaron hasta perderse en el horizonte, con la promesa de abandonar aquella costumbre de jugarse la vida en cada instante, criar ganado y crear una familia lejos del salvaje Oeste.
5 jun 2010
Gracias
Ya he hecho mi buena acción del día. Me levanté a las nueve y tomé café con mi padre, que duerme en la habitación de al lado hasta mañana. Pensaba ponerme a recoger... poner lavadora, limpiar cuarto de baño y barrer suelo. Se me cayó la casa encima y huí. Fui a casa de mi padre, veinte minutos en coche. Estaba llegando, me quedaba un minuto para llegar. En el antepenúltimo semáforo, el coche de al lado me hizo señas para preguntarme algo, y en la radio sonaba We weren´t born to follow (no nacimos para seguir). Bajé la ventanilla y el volumen de la canción.
—¿Cómo se llega a Isla mágica? —me preguntó el conductor.
—Tiene que dar la vuelta y no dejar la carretera, que le llevará sentido Huelva hasta una desviación a la derecha a Isla Cartuja. Allí pregunte, que está dentro.
Pasaron pocos segundos, el semáforo estaba en rojo y pensé... “van los padres y un niño a pasar el día al parque de atracciones acuáticas y yo no tengo nada importante que hacer”. Así que en vez de girar a la derecha y seguir mi camino, fui al frente, saqué el brazo para que se pusiera al lado y le dije: “Yo les llevo”. Entonces hice eso, ponerme delante de ellos y guiarlos. Cuando me paré, puse las luces de emergencia y cuando le iba a señalar que a la izquierda estaba la puerta, el hombre salió del coche, corrió un poco y se acercó a mí.
—Ahí está la puerta, ya solo le queda encontrar aparcamiento.
—Gracias, ojalá tuviéramos tiempo para conocernos mejor- me dijo con cara de agradecido.
—Ojalá. Pasadlo bien.
Él volvió a su coche y yo me quedé en silencio, tenía que quitar las luces de emergencia y volver, pero me emocioné. No lloré, pero fue de esas veces que uno se nota el rostro caliente y los ojos apuntito de explotar. Finalmente, tras un suspiro, me fui pensando en aquella frase... “Ojalá tuviéramos tiempo para conocernos mejor”.
—¿Cómo se llega a Isla mágica? —me preguntó el conductor.
—Tiene que dar la vuelta y no dejar la carretera, que le llevará sentido Huelva hasta una desviación a la derecha a Isla Cartuja. Allí pregunte, que está dentro.
Pasaron pocos segundos, el semáforo estaba en rojo y pensé... “van los padres y un niño a pasar el día al parque de atracciones acuáticas y yo no tengo nada importante que hacer”. Así que en vez de girar a la derecha y seguir mi camino, fui al frente, saqué el brazo para que se pusiera al lado y le dije: “Yo les llevo”. Entonces hice eso, ponerme delante de ellos y guiarlos. Cuando me paré, puse las luces de emergencia y cuando le iba a señalar que a la izquierda estaba la puerta, el hombre salió del coche, corrió un poco y se acercó a mí.
—Ahí está la puerta, ya solo le queda encontrar aparcamiento.
—Gracias, ojalá tuviéramos tiempo para conocernos mejor- me dijo con cara de agradecido.
—Ojalá. Pasadlo bien.
Él volvió a su coche y yo me quedé en silencio, tenía que quitar las luces de emergencia y volver, pero me emocioné. No lloré, pero fue de esas veces que uno se nota el rostro caliente y los ojos apuntito de explotar. Finalmente, tras un suspiro, me fui pensando en aquella frase... “Ojalá tuviéramos tiempo para conocernos mejor”.
3 jun 2010
Quiero SER
Quiero ser río que fluye,
de origen a destino, que no huye.
Quiero ser viento que erosiona muro
con la fuerza de mi corazón, puro.
Quiero ser luz en la noche
la voz del silencio sin reproche.
Quiero ser tierra para mi hogar,
constante y abierto como el mar.
Quiero ser sombra de la agitación,
la serenidad del maestro en su predicación.
Quiero ser fuerte,
no dejarme caer en la muerte.
Quiero ser serpiente
y mudar en cada sol naciente.
Quiero ser águila en vuelo
y detenerme en el cielo.
de origen a destino, que no huye.
Quiero ser viento que erosiona muro
con la fuerza de mi corazón, puro.
Quiero ser luz en la noche
la voz del silencio sin reproche.
Quiero ser tierra para mi hogar,
constante y abierto como el mar.
Quiero ser sombra de la agitación,
la serenidad del maestro en su predicación.
Quiero ser fuerte,
no dejarme caer en la muerte.
Quiero ser serpiente
y mudar en cada sol naciente.
Quiero ser águila en vuelo
y detenerme en el cielo.
9 abr 2010
De wimbledon al sofá
En una hora he vivido situaciones comunes que me han hecho reir. Puse la televisión y en Cosmopolitan estaba una película de esas que se sabe todo lo que va a ocurrir, pero que está bien hecha que uno se mete dentro. Wimbledon: amor en juego, creo que se llama. Vaya, la acabo de ver y ya no me acuerdo bien jejejejje Siendo este canal de TV, con las palabras amor y Wimbledon, está claro de qué va. La cosa es que el protagonista estaba a nada de ganar este torneo de tenis, y su amada estaba en la grada. Yo ya casi con la lagrimilla casi saliendo, imaginándome ganando algo, o presentando un libro, y de pronto... "Pepe, ayúdame a doblar sábanas". La mujer que limpia en casa, me hizo toc toc en el corazón, y ni lágrima ni nada. Nos pusimos uno delante del otro, abrimos cada sábana, por aquí por allá, incluso la de abajo que es incomodísima, y no sé por qué no la cambian. Con la de adelantos que hay, y aún mantienen los elásticos en las esquinas de esas que creo que se llaman bajeras.
Luego mi padre me pide que baje a por pan a la baguetería de al lado. Bajé solo en el ascensor, que no tiene un espejo, sino tres. Vamos, que es imposible escaparse de la imagen de uno. A la vuelta de comprar el pan, juego (o al menos eso parece) con un hombre a regatearnos. Nos vimos de lejos, los dos paso al frente, si uno dobla para un lado el otro va para ese, así muchas veces hasta que ya a nada de distancia, a un segundo de chocarnos por no ponernos de acuerdo ¿con la mirada? ¿telepatía? en el lado de cada uno, por fin lo conseguimos. Yo pegado al edificio y él a la carretera.
Volví al ascensor, coincidí con un hombre que iba también al siete, yo al D y él al C. Hola y hasta luego fue nuestra conversación. ¿hasta luego? Una de esas expresiones tontas que usamos por educación. Ya arriba, mientras buscaba las llaves del piso, una mujer salía de otra puerta. la saludé y ella......................................... no. No le estaba pidiendo sal ni nada de eso jejejeje solo un hola.
ya de vuelta a casa, se cerró el círculo como debía ser, en el sofá delante de la tele.
Luego mi padre me pide que baje a por pan a la baguetería de al lado. Bajé solo en el ascensor, que no tiene un espejo, sino tres. Vamos, que es imposible escaparse de la imagen de uno. A la vuelta de comprar el pan, juego (o al menos eso parece) con un hombre a regatearnos. Nos vimos de lejos, los dos paso al frente, si uno dobla para un lado el otro va para ese, así muchas veces hasta que ya a nada de distancia, a un segundo de chocarnos por no ponernos de acuerdo ¿con la mirada? ¿telepatía? en el lado de cada uno, por fin lo conseguimos. Yo pegado al edificio y él a la carretera.
Volví al ascensor, coincidí con un hombre que iba también al siete, yo al D y él al C. Hola y hasta luego fue nuestra conversación. ¿hasta luego? Una de esas expresiones tontas que usamos por educación. Ya arriba, mientras buscaba las llaves del piso, una mujer salía de otra puerta. la saludé y ella......................................... no. No le estaba pidiendo sal ni nada de eso jejejeje solo un hola.
ya de vuelta a casa, se cerró el círculo como debía ser, en el sofá delante de la tele.
21 mar 2010
El hombre de la piedra redonda
Un hombre condenao de por vía
a subí por la montaña una piedra...
un fuerte, valiente y sabio dejando abajo
su gente, su ropa, su vía.
Va rodando su piedra redonda,
va viendo la vía en sírculos...
el levantá suave y paseo elegante de la luna,
el ciclo de vía del cultivo,
el Hombre nasiendo, muriendo y resusitando.
Nunca llegará a la sima,
pues ya está en ella.
a subí por la montaña una piedra...
un fuerte, valiente y sabio dejando abajo
su gente, su ropa, su vía.
Va rodando su piedra redonda,
va viendo la vía en sírculos...
el levantá suave y paseo elegante de la luna,
el ciclo de vía del cultivo,
el Hombre nasiendo, muriendo y resusitando.
Nunca llegará a la sima,
pues ya está en ella.
5 mar 2010
El juego del ascensor
El ascensor, ese pequeño habitáculo en el que suceden hechos misteriosos. ¿Se han parado a pensar en lo complicado que somos cuando entramos en él? ¿por qué es más fácil ocupar el espacio cuando hay cuatro personas en vez de tres?
Si estamos dos personas, esperando a que llegue el gran momento de ubicarse, todo es sencillo, con un simple “pase usted primero” o directamente esperar a que pase el otro, como si fueramos un guardaespaldas es bastante, pues cada uno se pone en un lado y punto, previo paso por los botones. Uy, los botones, qué tendrán que nos emboban ya sean antiguos, modernos, quemados, relucientes... da igual, cuando se cierra la puerta, los dos a mirarlo.
Si estamos cuatro, también es sencilla la operación. “Vayan pasando al fondo” parece que dice una voz en off, y uno a uno, nos colocamos (como si estuvieramos en el hundimiento del Titanic) primero niños y mujeres, y luego lo sobrante, como un engranaje: el primero al fondo a la izquierda, el segundo a su derecha, cuando llega el tercero se rota y el primero da un paso al frente y el segundo lo hace lateralmente, ocupando su anterior sitio el nuevo ocupante. El último lo tiene sencillo, solo tiene un hueco. Pero todos estamos tan centrados en no quedarnos fuera que se nos olvida tocar el botón. Puede que el último, que lo tiene al lado, le de al suyo y listo, o puede que pregunte a los demás, o cada uno lo intente a su manera, librándose una batalla absurda por ser el primero el tocar. Como cuando éramos pequeños y jugábamos al esconder entre amigos, o al Un, dos, tres, pollito inglés. Todos apretados y sin hablar, nofuera a quedarse el ascensor parado y necesitemos oxígeno.
Si estamos tres, la cosa se pone chunga. Cuando se ve que va a llegar a abrirse el ascensor, hay que tomar posición para no ser el segundo, que tiene la decisión más importante. El primero, va al fondo y ladea según vea venir al segundo, que durante unos segundos no decide si derecha o izquierda, adelante o atrás. Yo, cuando soy el segundo, lo que hago es colocarme frente a los hipnotizadores botones para disfrutar de lo divertido de ver cambiar los números u oir el ruidito de cada vez que sube un piso. El tercero, se coloca al lado del primero, haya el hueco que haya.
Si voy solo, la libertad, extraña libertad. ¿miro al espejo, a los botones, reviso la puerta, busco las llaves de la casa o cojo el móvil? Difícil decisión. Yo hago eso por este orden y me quedo en el centro para disfrutar de la soledad en mis pocos segundos de gloria.
Si estamos dos personas, esperando a que llegue el gran momento de ubicarse, todo es sencillo, con un simple “pase usted primero” o directamente esperar a que pase el otro, como si fueramos un guardaespaldas es bastante, pues cada uno se pone en un lado y punto, previo paso por los botones. Uy, los botones, qué tendrán que nos emboban ya sean antiguos, modernos, quemados, relucientes... da igual, cuando se cierra la puerta, los dos a mirarlo.
Si estamos cuatro, también es sencilla la operación. “Vayan pasando al fondo” parece que dice una voz en off, y uno a uno, nos colocamos (como si estuvieramos en el hundimiento del Titanic) primero niños y mujeres, y luego lo sobrante, como un engranaje: el primero al fondo a la izquierda, el segundo a su derecha, cuando llega el tercero se rota y el primero da un paso al frente y el segundo lo hace lateralmente, ocupando su anterior sitio el nuevo ocupante. El último lo tiene sencillo, solo tiene un hueco. Pero todos estamos tan centrados en no quedarnos fuera que se nos olvida tocar el botón. Puede que el último, que lo tiene al lado, le de al suyo y listo, o puede que pregunte a los demás, o cada uno lo intente a su manera, librándose una batalla absurda por ser el primero el tocar. Como cuando éramos pequeños y jugábamos al esconder entre amigos, o al Un, dos, tres, pollito inglés. Todos apretados y sin hablar, nofuera a quedarse el ascensor parado y necesitemos oxígeno.
Si estamos tres, la cosa se pone chunga. Cuando se ve que va a llegar a abrirse el ascensor, hay que tomar posición para no ser el segundo, que tiene la decisión más importante. El primero, va al fondo y ladea según vea venir al segundo, que durante unos segundos no decide si derecha o izquierda, adelante o atrás. Yo, cuando soy el segundo, lo que hago es colocarme frente a los hipnotizadores botones para disfrutar de lo divertido de ver cambiar los números u oir el ruidito de cada vez que sube un piso. El tercero, se coloca al lado del primero, haya el hueco que haya.
Si voy solo, la libertad, extraña libertad. ¿miro al espejo, a los botones, reviso la puerta, busco las llaves de la casa o cojo el móvil? Difícil decisión. Yo hago eso por este orden y me quedo en el centro para disfrutar de la soledad en mis pocos segundos de gloria.
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